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miércoles, 20 de agosto de 2014

GAZA: HISTORIA DE UN BOMBARDEO

Postrado en una de las camas del hospital Shifa, en la ciudad de Gaza, el niño de 7 años de edad no puede articular la boca ni pronunciar palabra, pero escribe mensajes en su pequeño cuaderno. A pesar de las limitaciones físicas y el enorme dolor que le causa, Mohammed tiene todavía energías para tomar un bolígrafo y comunicarse con su madre, Tagrid.


“Siempre ha sido un chico muy comunicativo, incluso ahora que está sufriendo tanto necesita expresarse”, comenta la madre, de 39 años y residente del campo de refugiados de Nuseirat.

El impacto de dos obuses disparados por tanques israelíes contra la vivienda de la familia Badrán dejó a siete de sus hijos heridos de diversa consideración. El peor de todos, el pequeño Mohammed, quedó completamente ciego del ojo derecho debido a la incrustación de un fragmento de metralla y parcialmente del izquierdo, donde aún tiene trozos de metal.

Además su sistema respiratorio resultó afectado, por lo que le tuvieron que practicar una traqueotomía para que pudiera respirar. Igualmente perdió parte de la mandíbula, que fue reconstruida por los cirujanos con una aleación metálica. Una vida rota, una de tantas, entre los casi 3.000 menores heridos en el transcurso de la tercera guerra que sufre la Franja de Gaza en los últimos 6 años.

El pequeño y dos de sus hermanos –Ibrahim e Iman, que también estaban hospitalizados– partieron esta semana en una ambulancia para Jordania. Sin embargo, su madre no pudo acompañarlos. Después de tramitar todos los papeles a través del Ministerio de Sanidad y con la ayuda del Comité Internacional de la Cruz Roja, el tránsito de Tagrid a través del paso fronterizo de Erez (que comunica Gaza con Israel) fue rechazado por las autoridades israelíes. Se la considera una persona “de riesgo”, indica el hermano de esta mujer.

“¿Qué se creen, que me voy a escapar de la ambulancia cuando tres de mis hijos van a ser operados y hospitalizados en Jordania?”, pregunta ella airadamente mientras no deja de llorar. Finalmente fue su hermana, la tía Ibtisan, la que acompañó a los pequeños.

Tras su internación en el hospital Al Jaldi, Mohammed ha sido ya operado en su ojo izquierdo y se encuentra estable. Dentro de una semana volverá a ser examinado por un equipo de oftalmólogos para ver si necesita algún tipo de tratamiento especializado adicional que le permita mantener un mínimo de visión. En el caso de que los médicos jordanos no pudieran hacer más –dada la extrema complejidad de la intervención– sería trasladado a España. La prestigiosa Clínica Barraquer de Barcelona, especializada en Oftalmología, se ha ofrecido a operarlo y hospitalizarlo de forma gratuita, mientras que la Asociación Udadikum de Málaga se haría cargo de los costos del traslado.

“Cuando cayeron los dos obuses sobre nuestra casa pensamos que era un terremoto”, cuenta la madre de Mohammed. A diferencia de otras ocasiones en las que la Fuerza Aérea israelí avisa por teléfono a las familias para que desalojen las casas de la zona donde van a bombardear, en el caso de los Badrán, como en tantos otros, no hubo aviso previo. Para cuando se dieron cuenta, dos obuses habían impactado contra la casa, el techo se les había venido encima y los siete hijos se encontraban heridos. Cinco de ellos fueron hospitalizados, aunque dos ya recibieron el alta.

Por si no fuera bastante, a los pocos días de esta desgracia, a los Badrán se les vino encima otra tragedia incluso mayor. El pasado viernes por la mañana, un F-16 bombardeó la mezquita central del campo de refugiados de Nuseirat, en la que en esos momentos rezaba el padre de Mohammed, que falleció sepultado bajo los escombros. Todo un mazazo para una familia desgarrada. Un golpe más para el pequeño Mohammed, sus hermanos, y su madre, que ahora se queda sola con sus siete vástagos enfermos.

Según las estadísticas recopiladas por la Oficina de Coordinación de Ayuda Humanitaria de Naciones Unidas (OCHA), de los casi 2.000 muertos y más de 10.000 heridos que ha provocado la operación “Margen Protector” en la Franja de Gaza, el 25% son menores de edad. Y aunque la pirámide de población es muy joven y su tasa de natalidad muy alta –lo cual hace que aumente el cálculo probabilístico de víctimas en este tramo de edades– el porcentaje no tiene precedentes. Tampoco la proporción de civiles en general, que si durante las operaciones “Plomo Fundido” (diciembre 2008) y “Pilar Defensivo” (noviembre 2012) fue aproximadamente del 50 %, en este caso ha superado el 75 %.

Un elevado porcentaje de bajas civiles que, unido al hecho de que siete de las escuelas de la Agencia para los Refugiados Palestinos de Naciones Unidas (UNRWA) resultaron atacadas por el Ejército israelí en el transcurso de los enfrentamientos –tres de ellas con efectos mortales-, ha hecho que el siempre comedido Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, haya demandado que se establezca una comisión de investigación internacional para dilucidar si se han podido perpetrar crímenes de guerra y, en su caso, depurar responsabilidades.

En esa misma línea se ha pronunciado su Coordinador Especial para Oriente Medio, Robert Serry, que representa a Naciones Unidas en las reuniones del Cuarteto (formado por USA, la UE, Rusia y la ONU) y uno de los intermediarios clave en las negociaciones en El Cairo.

Fuente: Clarin

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