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lunes, 30 de septiembre de 2013

LA OPINION DE ALBERTO GRILLE: PERO A LA IZQUIERDA NO LE DIO EL CUERO

La prensa ha informado en las últimas horas que el gobierno otorgaría a VTV y al consorcio Pop (una alianza entre la productora de televisión Oz Media y la revista Bla) las 2 señales de televisión digital para las que había convocado a aspirantes.




El ministro de Industria, Energía y Minería, Roberto Kreimerman, ha confirmado la noticia y los participantes en el llamado han sido comunicados de la resolución y disponen de diez días para responder a una vista.

Aclaro que lo del ministro me provoca una auténtica decepción.

Si el presidente no cambia de idea, este acuerdo que se habría tomado entre Kreimerman, el subsecretario de la cartera, Edgardo Ortuño, y el propio presidente se firmaría cuando regrese Mujica de Nueva York.

La decisión pone candado a la televisión por los próximos treinta años y –algo increíble– ni semejante suicidio despierta de su letargo a cientos de jerarcas del gobierno que sólo abren los ojos para asegurarse sus cargos en el próximo período, convencidos de que el que entra en el molinete no sale más. Pero peores cosas tengo vistas, y me temo que muchas más veré.

De más está decir que considero que esta resolución es una barbaridad y que confirma, al menos para mí, la idea de que el gobierno es patético, débil, timorato, pusilánime, incapaz de afrontar decisiones que cuestionen, ni por un momento, las ideas dominantes, el poder económico y la cultura hegemónica.

Cuesta creer en los discursos antropológicos sobre el nefasto rol del mercado cuando se pone la firma a la bancarización universal y se opta por adjudicar la televisión a los proyectos más mercantiles y desideologizados, a los que el presidente considera “más serios”.

La convocatoria a quienes aspiraban a operar una señal de televisión digital sólo se justifica si tenía el propósito de cambiar lo que los sucesivos gobiernos de la derecha habían hecho en la distribución de las frecuencias de los medios audiovisuales durante toda la historia del país hasta que ganó el Frente Amplio.

Lo que se había hecho en casi un siglo de gobiernos blanquicolorados no era sólo deplorable en su aspecto clientelístico por haber adjudicado a sus amigos las frecuencias del Estado, sino que la radio y la televisión había sido distribuida de manera de asegurar el control de la información, la cultura y la comunicación por parte de las clases dominantes y, por ende, contra los intereses de los sectores más postergados de la sociedad.

Mal que nos pese, la asignación de las frecuencias de televisión también fue el resultado de la lucha de clases.

Pero la decisión del gobierno continuará otorgando la televisión al proyecto hegemónico y no tendrá la osadía de cortar semejante desigualdad, admitiendo la continuidad de los canales privados y otorgándoles señales digitales sin competir y adjudicando las nuevas señales a dos proyectos que son sólo continuidad, y no ruptura.

Por eso la derecha no dice ni una palabra de las flagrantes irregularidades del llamado, que fueron pormenorizadamente desmenuzadas por Federico Fasano y por Caras y Caretas y que no fueron contestadas ni rebatidas por ninguno de los operadores del gobierno, ni por el ministro, ni por el subsecretario, ni por el titular de la Dirección Nacional de las Telecomunicaciones, ni por ninguno de los parlanchines que siempre hablan pero que en esta oportunidad se fueron al mazo.

Si el llamado iba a terminar en semejante fiasco, dejando a la izquierda sin poder acceder a la televisión, el llamado fue un error estratégico y político injustificable, sólo aplaudido por El Observador y por el silencio complaciente de la derecha. Si el resultado fue acordado con los canales privados para evitar el boicot y habilitar su presentación aun en las condiciones de privilegio en las que participaron, se parece más a una traición.

Por lo pronto, yo creo que los canales privados se presentaron porque el gobierno aceptó no adjudicar señales a más de dos operadores, y que ninguno de los dos fuera Fasano. Al menos dos empresarios de medios me lo dijeron en forma independiente y se trata de personas que generalmente están muy, pero muy bien informados.

Lamentablemente, el proyecto de La diaria fue eliminado porque no acreditó la solvencia económica que permitiera su sustentabilidad.

En verdad, el proyecto Pop, que resultó adjudicado, tampoco acreditó nada. No sé por qué motivo la Unidad de Regulación de Servicios de Comunicaciones no lo destacó entre sus debilidades, pero su propuesta económica no son más que intenciones y argumentos de autoridad que juegan con la credulidad de quienes creen que una revista que se hojea en las peluquerías y en los consultorios médicos y una productora que exporta quién sabe cuánto –pero más bien poco– de productos audiovisuales es algo más que una nube de humo.

En realidad, el Consorcio Pop, vinculado con los negocios de todos los canales privados y especialmente con el Canal 10, es la menos creíble de todas las propuestas. Promete una inversión anual de 4.600.000 dólares sin prometer un solo peso de inversión inicial o de reservas, y afirma que sustentará su proyecto obteniendo de la publicidad comercial 7.400.000 dólares anuales en el primer año (el 5% de toda la torta publicitaria de la televisión). Ésta es la más optimista de las propuestas, a tal punto que la Comisión Honoraria Asesora Independiente (CHAI) la objetó y en su informe de evaluación señaló ese optimismo como una debilidad notoria. La CHAI también de excesivo optimismo la promesa de obtener el equilibrio económico en el segundo año de operaciones.

Además, el de Pop es el proyecto que menos puestos de trabajo se compromete a crear, y en los seis segmentos de calificación objetiva resultó penúltimo.

La ubicación de Pop en el tercer lugar sólo pudo obtenerse porque la CHAI ubicó a Pop primero en la calificación subjetiva, superando de esta manera a Federico Fasano, que había resultado primero absoluto en los seis segmentos de calificación objetiva y último en la calificación subjetiva en la que no participaron varios de los integrantes de la comisión asesora, que por uno u otro motivo prefirieron mantenerse apartados de esta comprometedora instancia en la que se produjo operativamente el despojo.

En síntesis, el proyecto que el gobierno declara ganador es el proyecto del realismo mágico. El que logró, con misteriosa alquimia, pasar del penúltimo al primer lugar de la imaginería para lograr lo que no se merecía.

En rigor, ni La Diaria ni Pop acreditaron recurso alguno para la inversión inicial, y debieron haber sido eliminados por no cumplir con los requisitos del llamado. Como si no hubieran comprado el pliego o no hubieran cumplido con las garantías de fiel cumplimiento en una licitación.

Ahora bien. Pepe no debería firmar esa resolución. Al fin y al cabo, no sería la primera vez que se arrepiente. No es verdad que la razón por la que no se le dio a Federico Fasano una señal es que Fasano se iba a fundir. La primera razón es que se habían comprometido con los canales privados en que no se lo darían a Fasano. La segunda razón es que se hizo trampa y se manipularon las resoluciones de la CHAI para que se hundiera a Fasano. La tercera es que se inventó una inconsistencia económica del proyecto de Fasano para negarle la adjudicación de la señal.

La verdadera razón, la auténtica, es que claudicaron, achicaron, no se animaron a romper con el monopolio de la televisión hegemónica.

Al fin y al cabo, basta con otorgarle a Fasano una señal digital compartida, una de las que el gobierno estaba dispuesto a otorgar a los canales privados y a las que éstos no se postularon, para que se rompiera el sólido bloque monopólico de la televisión.

Pero a la izquierda no le dio el cuero.

Fuente: Caras y Caretas

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