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jueves, 12 de septiembre de 2013

LIC. J. BARAIBAR: ESTUVE PRESO EN EL GRAN CAMPO DE CONCENTRACION DE PINOCHET

Julio Baráibar, embajador itinerante de Uruguay designado por el presidente José Mujica,  se fue del país en diciembre de 1972 rumbo a Chile. En setiembre del 73 estuvo preso en el Estadio Nacional y finalmente salió al exilio en Suecia. Durante la dictadura encabezada por Augusto Pinochet 17 mil personas estuvieron detenidas en el Estadio Nacional de Chile


¿Hace 40 años usted estuvo preso en el Estadio Nacional de Chile?

Es un momento histórico, y lo recuerdo a partir de lo difícil que pasamos en aquellos días.

¿El MLN – Tupamaros eligió Chile como destino. Porqué?

Chile tenía un gobierno democrático, de izquierda dirigido por Salvador Allende y nos daba garantías a todos aquellos que luchábamos y se nos perseguía por razones políticas en nuestros países. Corrían años muy complicados.

¿Usted se va de Uruguay en diciembre de 1972?

En ese diciembre me van a buscar y no me encuentran porque se equivocan de dirección. De allí salgo para Chile. En Santiago vivía junto con mi familia en un edificio muy cercano del Palacio de la Moneda (Casa de gobierno). El día del Golpe, se escuchaba el ruido de los aviones que volaban muy bajo y se dirigían a La Moneda. En las radios se escuchaban la versión de los golpistas.

La situación de los refugiados era muy difícil, lo primero que hizo la Junta Militar fue amenazarnos. El mensaje era los que tienen que temer son aquellos que llegaron a Chile para enseñarnos a matarnos entre los chilenos. Con mi familia y algunas familias amigas creíamos que había que evitar caer presos en esos primeros días. Sí te agarraban por el solo ello de ser extranjero podías perder la vida.

Un tiempo antes del golpe Salvador Allende estaba preocupado por lo que le podía pasar a los extranjeros y llegó a un acuerdo con Cuba. Fueron muchos los uruguayos los que salieron para la isla. Allende se preocupó en particular de los uruguayos.

¿Cientos de uruguayos?

J. Baráibar. Foto y video Mariana Costa / LARED21

Sí, eran cientos.

Nosotros no nos quisimos ir y preferimos quedarnos junto con los chilenos y también queríamos quedarnos cerca de nuestro país y Chile geográficamente era como estar en el barrio.

Pensamos que en Chile iba haber una resistencia del pueblo, de los trabajadores organizados, de los partidos políticos de izquierda y prácticamente eso no ocurrió. El Ejército chileno estaba muy bien organizado y se aseguró que los trabajadores no tuvieran acceso a las armas. Las armas que deberían haber llegado a las fábricas nunca llegaron.

Recuerdo que aquel 11 de setiembre fui adonde había quedado en ir, la fábrica de Fideos LUCHETTI, en el cordón industrial, en una zona céntrica. La madre de mi hijo estudiaba en la Escuela Industrial y fue hacia allí. En ambos lugares los encargados nos dijeron que a los extranjeros nos aconsejaban que nos fuéramos, ellos no tenían armas y no había forma de defenderse. En los medios de comunicación se decía que los que debían temer eran los extranjeros.

Recuerdo que tanto mi esposa como yo volvimos a pie a nuestra casa, a esa altura era las dos de la tarde. Nos juntamos con otros uruguayos y concluimos que debíamos irnos. Éramos mi señora y 3 niños. Además de un matrimonio amigo con un hijo. Salimos a caminar para buscar una iglesia, un convento, un lugar para protegernos para que no fuera fácil fusilarnos.

Sabíamos que estaban fusilando gente, caminamos mucho y encontramos una especie de colegio católico. Nos metimos y no nos querían, luego de largas discusiones aceptaron alojarnos. Primero nos pidieron que partiéramos a la mañana siguiente y al final logramos quedarnos tres días. Fue muy importante haber estado protegidos esos tres días. Lo que sucedió con nosotros habla mal de la Iglesia aunque reconocemos que haber estado ahí nos salvó la vida. El 14 regresamos a nuestra casa y el portero del edificio nos dice que nos habían venido a buscar y que habían dicho que debíamos presentarnos en el Ministerio del Interior.

Mientras evaluábamos que hacer, el Ejército invadió el edificio, entraron a nuestro apartamento y nos dijeron que nos tiramos al piso. Luego me pidieron las cédulas de todos. Mi esposa con los nervios del momento, no la encontraba. Se me ocurrió entregar 7 cédulas y mi libreta de conducir, el militar miró por arriba, no se dio cuenta y pasó. Nos dijeron mañana se tienen que presentar a las 8.

Al otro día a las 7 de la mañana mi esposa y los niños se fueron hacia la embajada uruguaya y regresaron al país. En mi caso con otro matrimonio amigo fuimos al Ministerio del Interior, a ellos les dieron el salvoconducto para irse a Argentina y a mí me dejaron detenido, me metieron en una celda y al otro día me trasladaron al Estadio Nacional de Chile.

¿Y allí estuvo un mes detenido?

Estuve del 16 de setiembre al 16 de octubre. Fue brutal, veíamos como mataban a la gente. A algunos los obligaban a correr por el predio externo del Estadio y los fusilaban. Escuchábamos los gritos de los que eran torturados y además no nos dieron de comer en 30 días. Lo único que teníamos era el agua de las canillas del Estadio. La Cruz Roja Internacional entraba y repartía naranjas y se las comían los soldados. Nosotros nos comíamos las cascaras, pasto y lo que había en la basura. Con el paso de los días nos organizamos para conseguir comida e información. Había 10 compañeros que se dedicaban a juntar comida, iban donde estaban los comedores de los militares y algo se conseguía aunque no era fácil. La organización nos ayudó, no podíamos funcionar en asamblea porque no se permitían reuniones de más de cinco personas, creamos 12 grupos de 5. En mi caso fui designado para negociar en nombre del grupo de uruguayos. Éramos 58. Uno de los grupos hacía información e inteligencia. En base a la información que se conseguía planificábamos el funcionamiento y allí armamos una estrategia primero para que no nos mataran, segundo para salir de allí, tercero para conseguir comida y también cigarrillos. Los grupos salían a recorrer el Estadio y nos enteramos de los embajadores extranjeros que llegaban a defender a detenidos de sus países. Lo que hice fue presentarme para pedirles ayuda y darle la lista con los nombres de los uruguayos detenidos. Nadie sabía cuántos éramos. El embajador de Suecia y Belela Herrera jugaron un papel fundamental. Negociaron con la dictadura nuestra salida y lo lograron.

La salida de los uruguayos del Estadio fue traumática. La dictadura dijo salen 50 y quedan 8 para llevarlos ante la Justicia Militar. Ir a la Justicia Militar era condenarlos a la muerte. Nos negamos y negociamos con los funcionarios que debían controlar. El control lo hacían dos funcionarios administrativos del Ejército. Nosotros los engañamos y eso les costó la vida. A otro día de nuestra salida fueron ejecutados. Y el Mayor chileno de apellido Lavandero el segundo en importancia en el Estadio Nacional apareció con un tiro en la boca. Dijeron que se había suicidado pero yo no lo creí.

Del Estadio de Chile nos llevaron en ómnibus hacia la Embajada de Suecia. Al otro día el embajador sueco Harald Edelstam fue citado por el Ministerio del Interior donde le informaron que no nos darían el salvoconducto y que en textuales palabras le dijeron: se van a pudrir aquí y no los vamos a dejar salir del país. La presión internacional permitió nos diera el salvoconducto.

El día de la partida ya estaban todos los uruguayos en el avión, me estaba despidiendo del personal de las diferentes embajadas cuando tres hombres me agarran por la espalda e intentan subirme a un auto negro. Los uruguayos bajaron del avión, empezaron a gritar y el embajador sueco y yo empezamos a forcejear y finalmente me tuvieron que soltar.
Julio Baráibar

Julio Baráibar fue militante del MLN Tupamaros en 1972 al ser requerido emigró de Uruguay. Desde diciembre de 1972, trabajó primero como camionero, y luego de inspector de Abastecimientos y Precios en el Chile de Salvador Allende. Cuando el Golpe de Estado del 11 de setiembre, cae detenido en el Estadio Nacional y finalmente obtiene el salvoconducto para salir a Suecia. En Estocolmo, Suecia, se graduó como Licenciado en Pedagogía de Familia.
Actualmente es embajador itinerante del gobierno del Frente Amplio
Belela Herrera

En 1973 Belela Herrera residía en Chile y estaba casada con César Charlone, encargado de negocios de la Embajada Uruguaya en Chile. En ese año pasó a ser funcionaria del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Desde ese lugar ayudó a cientos de extranjeros que escapaban de la dictadura encabezada por Augusto Pinochet en Chile.
En 1985 asume la Presidencia de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio. Entre 2005 y 2008 fue designada como vicecanciller del gobierno de Tabaré Vázquez.
Harald Edelstam

Harald Edelstam fue diplomático y embajador sueco, recordado por sus intervenciones en Noruega durante la Segunda Guerra Mundial, cuando protegió y rescató a personas de religión judía y  en Chile en 1973, donde rescató y protegió a numerosos perseguidos políticos después del golpe militar de Augusto Pinochet.

Fuente: La República

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