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jueves, 23 de febrero de 2017

LA OPINION DE E. VALENTI: SE NOS AGOTA EL PROYECTO NACIONAL DEL FA

El Uruguay fue uno de los pocos países, sino el único de la región que, a principios del siglo XX y durante varias décadas tuvo un Proyecto Nacional, sobre la base esencial del batllismo, aunque también con aportes diversos. Ese Proyecto entró en crisis en los años 50 y durante medio siglo anduvimos a los bandazos y sobre todo para atrás.


Cuando se dispone de un rumbo, de determinadas prioridades de desarrollo político, institucional, económico y social que además tienen un fuerte impacto en la propia identidad del país, en sus ambiciones, en sus obras, en su cultura, la carencia, la lenta pero firme decadencia de ese Proyecto se siente muy fuerte. Esa fue la frustración creciente de la sociedad uruguaya a partir de mediados de los 50, durante la dictadura cívica y militar que lo pulverizó o intento liquidar sus propias raíces y luego no fuimos capaces de reconstruirlo junto con la naciente democracia. Había condiciones muy particulares que se desaprovecharon..

El cambio más importante que realizaron los gobiernos de izquierda, que fue mucho más allá de su propio programa fue precisamente iniciar la construcción de un nuevo Proyecto Nacional, tanto desde el punto de vista material, económico, social, productivo, como además espiritual, de confianza y expectativa de los uruguayos en sus propias capacidades.

Dejamos de ser un país de llorones y emigrantes y lentamente volvimos a asumir el control de nuestros destinos y nuestros puertos. La lista de cifras que avalan esta afirmación son realmente muchas. Hay también carencias importantes, la más importante no logramos transformar esos avances en una nueva base cultural para su continuidad y su profundización. No hubo proporción entre la acción gubernamental y la acción política, al contrario, si bien generamos mayores exigencias a nivel social en todos los sectores, no logramos que la gente se empoderara de los avances.

Esa es una de las bases del empantanamiento que hoy tenemos a nivel político.

Pero el fondo es que tanto a nivel del gobierno como del Frente Amplio el concepto, los objetivos y el discurso del Proyecto Nacional se han reducido a su mínima expresión.

Un Proyecto Nacional no es, ni puede ser simplemente el equilibrio de las cuentas públicas, por más importante que esto sea, ni la suma de algunos objetivos parciales y sectoriales, es un nuevo impulso en estos tiempos más complejos a los cambios que el país necesita, a los aires renovados de cambios que el Uruguay necesita vitalmente. Faltan prioridades claras y un mensaje fuerte y general sobre el rumbo. El crecimiento del déficit fiscal, es un golpe importante a esos equilibrios y los recursos a disposición son cada día menos, pero van en la dirección de reducir el gasto. Sería un cambio radical en las políticas de los gobiernos de izquierda.

El déficit fiscal y en general los equilibrios macroeconómico monopolizan la atención y las respuestas reactivas del equipo económico no se ven nuevos impulsos reformistas a menos que contabilicemos los controles del sistema financiero y de los ciudadanos y empresas en sus transacciones financieras. La clave del Proyecto Nacional fue el impulso reformista en diversas áreas claves, la reforma fiscal, la reforma de la salud, la creación de la ANII, del Plan Ceibal que iba más allá que un tema educativo, la reforma de la DGI, del LATU, todos cambios que se realizaron en el primer gobierno del FA y que marcaron su perfil fundamental. La reforma de la Aduana que tuvo y tiene tantas resistencias y que se implementó en el gobierno Mujica, fue el último de esos grandes proyectos reformistas contra el NO SE PUEDE y con una génesis auténticamente progresista. ¿Cuál son hoy esas reformas, donde está hoy ese espíritu reformista?

En este cuadro de hechos, de obras y de ideas no se ve la construcción de un discurso y una estrategia ni desde el gobierno y menos desde el Frente Amplio, como si todo se redujera al próximo presupuesto, a la pérdida de la mayoría parlamentaria, a los viajes presidenciales o a lo sumo a la interminable danza de candidatos y a los problemas internos y menores del Frente.

¿Qué grandes proyectos productivos tenemos hoy en la agenda? UPM no puede ser una seña de identidad, todos sabemos que sería muy importante y que está en una delicada fase de negociación con la empresa finlandesa, pero no define en absoluto el carácter de izquierda o progresista del gobierno. Los otros grandes proyectos de infraestructura desparecieron del horizonte, puerto de aguas profundas en Rocha, regasificadora en Montevideo, explotación minera y las grandes obras del ferrocarril están totalmente pendientes de la segunda planta de UPM. Y esas obras de infraestructura o productivas no eran parte de un impulso reformista. Y lo demostraron.

La importancia de UPM es que es la tercera planta de celulosa que cerraría un proyecto en fase ascendente de forestación y de industrialización, con un cambio realmente histórico en una cadena productiva integral. Pero no puede substituir en absoluto al conjunto de reformas y proyectos que marcaron el Proyecto Nacional.

Si pasamos el colador, lo que nos queda es básicamente: el proyecto de ampliación masiva del riego y del impacto que ello puede tener en la producción agropecuaria y en las exportaciones. En este aspecto el problema no es el agua, es el costo de la energía, con el megavatio a 120 dólares para las empresas y 235 para las familias, es un proyecto inviable. Y el cambio en la matriz energética, que efectivamente se hizo, no cambia esta ecuación, como no cambia ni explica para porque construimos una planta de ciclo combinado en Punta del Tigre con una capacidad de 830 Mw.

El gobierno hizo del compromiso de una gran inversión en infraestructuras, de una inversión con un shock público, público-privado un eje de toda su estrategia. Se habló de 12.000 millones de dólares, es obvio que si proyectamos el actual ritmo de inversiones no llegaremos ni cerca. ¿La pregunta clave es como está respondiendo el sector privado a esta demanda de parte del Estado? Y ¿Qué haremos si no se logra esa coparticipación estatal y privada en las inversiones en carreteras, puentes, puertos, ferrocarril, caminería etc.? Y esto por sus dimensiones e importancia tienen que ver con el Uruguay productivo, con el déficit fiscal, con otro de los nudos centrales del Proyecto Nacional en esta etapa.

Esta nueva etapa del Proyecto Nacional tiene pasajes económicos y sociales obligados, la educación y el 6% del PBI destinado en estas condiciones a esta educación, no es más que una entrega más a las corporaciones sindicales, nada tiene que ver con una clave INEXORABLE para esta nueva etapa y luego de 12 años en el gobierno. No logramos transformar a la educación pública en una de las principales palancas de las oportunidades sociales, de las políticas sociales y del desarrollo nacional. Es decir un meollo del Proyecto Nacional.

¿No se hizo nada? ¿Todo está mal como insiste la oposición con la pasión de los conversos? No, se han hecho muchas cosas importantes, pero el fondo del problema sigue allí: los resultados, el impulso no está a la altura en absoluto del Proyecto Nacional, ni a nivel educativo, ni cultural, ni cívico ni productivo. Ni existe una épica renovada de la educación pública y de una pedagogía de vanguardia.

La izquierda desde mucho antes de ser gobierno le dio gran importancia a su relación bidireccional con la sociedad civil, un lugar clave de esa relación es apelar a las capacidades, los insumos que sobre la educación debe aportar la sociedad civil, los profesionales, los intelectuales. Estamos haciendo exactamente lo contrario, todo se cocina en el ámbito del estado, mejor dicho del gobierno de la educación y se margina, se desprecia todo aporte exterior, como por ejemplo el que podría y hace Edu-uy. Las empresas públicas, que por nuestra propia base programática y social debían ser naturalmente otro gran factor de crecimiento sólido y estable, han visto reducido su papel, por errores importantes en la gestión. Se habla solo de ANCAP, pero hay otras situaciones, no tan dramáticas pero negativas. Algunas se han corregido en alguna medida, pero el fondo es que las empresas públicas industriales no son un gran motor de nuestro crecimiento y de nuestro desarrollo y son un pesado fardo ante la opinión pública y ante nosotros mismos. No solo se trata de mirar los balances y los resultados, sino las prácticas, las gestiones, la inamovilidad de ciertas gerencias y todos sus vicios. Y cada día aparecen nuevos episodios, como el que esta semana denunció la Federación Ancap sobre tercerizaciones en la boya petrolera. Es simplemente un episodio más.

¿Hay un proyecto integral y coherente sobre el papel de esas empresas que vaya más allá de tratar de equilibrar sus números y recaudar para el Estado? Si existe no lo conocemos, en absoluto.

¿El Proyecto Nacional tenía un espacio para la economía social y cooperativa? Naturalmente que era obligatorio combinar las diferentes formas de propiedad y fortalecer las formas más solidarias. ¿Los resultados? Son de los peores. ¿Por qué? Porque no hubo proyectos serios detrás de los emprendimientos, porque no se atacaron las debilidades de gestión y de ventas, porque se distribuyó la plata sin un mínimo de rigor y se afectó no solo el capital del FONDES sino el sustento ideológico, cultural. Ahora todo está bajo sospecha, al menos de ineficiencia e incapacidad.

¿Hemos fortalecido la transparencia, la moralidad de la gestión pública y la actividad de los partidos? Ni siquiera debería contestar esta pregunta, es demasiado evidente. Y el Proyecto Nacional para ser completo debe tener una épica republicana, una moral popular. Y voy a justificarla de la manera menos pensada: ¿Por qué, si José Mujica le dio tanta importancia a la frugalidad y, su imagen y su discurso está asociado a la vida modesta y austera eso no tuvo reflejo en la actividad del gobierno? Mujica construyó su imagen en el Uruguay en la región y el mundo - y la tiene - en buena medida basada en esos elementos. ¿O no? Y sin embargo la izquierda uruguaya los descuidó en su acción de gobierno, los despilfarró y en especial en el segundo gobierno, el de Mujica. Ancap es la apoteosis de ese despilfarro de la austeridad republicana. La calidad, la eficiencia en el uso de los recursos públicos y de los servicios fundamentales a la población, que son determinantes para la calidad de vida de nuestra gente, pero también para la redistribución de la riqueza, a través de salud de calidad, la seguridad, de la educación de calidad, de una infraestructura cada día mejor y a todos los niveles aún dentro de los ritmos que podamos permitirnos, ha ido desapareciendo de nuestra agenda y la del país.

No hablemos de la reforma del Estado, en algún momento definida la madre de todas las reformas , y que hoy ya no figura ni como pariente lejana. Todos los avances que se han logrado poniendo al Uruguay a la vanguardia en el gobierno electrónico, que han sido muy importantes, no han impactado en absoluto en la reducción del personal y de los costos. No hubo ninguna proporción en ese sentido. Incluso en un frente en el que se hicieron muchas cosas y se lograron avances importantes, a nivel de la cultura, de la promoción cultural y artística, hoy no tenemos ni discurso ni elementos que refresquen uno de los frentes más sensibles para la izquierda.

Un Proyecto Nacional no es un programa, es en primer lugar un bloque político y social amplio, con componentes diversas, que asuma a nivel del país, grandes, audaces y ambiciosos objetivos propios de desarrollo, con una mejor distribución estructural de la riqueza, con mejores oportunidades y con nuevas sensibilidades democráticas y de transparencia y con una relación armoniosa con el medio ambiente. Incluso un tema de identidad de la izquierda, el de los derechos humanos se ha desflecado de manera notoria y ha quedado en sus aspectos fundamentales más en el Ministerio de Defensa que en el de la acción conjunta del gobierno con la sociedad civil.

Este agotamiento tiene directo impacto en el cuadro político, no solo en el bajo nivel de apoyo al gobierno, el más bajo desde que estamos ocupando la Presidencia, la baja intención de voto al FA pero sobre todo en un cambio en la estructura social de nuestros apoyos, que se reducen en los sectores de mayor nivel educativo, que han sido históricamente la principal base de apoyo de la izquierda. Y lo más preocupante son las tendencias.

¿Algo de esto estuvo en el debate del último Congreso del FA o en cualquier otra instancia? La acumulación de fuerzas sociales y políticas que nos llevó al gobierno y a conquistarlo nuevamente, se basó en nuestro diálogo con las mayorías nacionales, porque les ofrecimos y comenzamos a construir un cambio realmente profundo: un Proyecto Nacional.

Un pequeño, gran y potente país necesita ese proyecto como el aire que respira. Nos puede venir apnea.

Esteban Valenti
Periodista, escritor, director de UYPRESS y BITACORA. Uruguay

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