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jueves, 10 de marzo de 2011

TARSERO FILIPINO: SE SUICIDA CUANDO ESTA PRISIONERO

El tarsero filipino, uno de los primates más pequeños del mundo, sufre tal estrés cuando vive enjaulado que a menudo termina golpeándose la cabeza contra los barrotes o sumergiéndola en el agua para quitarse la vida.


Tal es el ansia de libertad de este peculiar animal, de sólo 16 centímetros de altura y enormes ojos marrones similares a los de un búho y los más grandes en proporción a su cuerpo de cualquier mamífero.

El tarsero es una de las mayores atracciones turísticas de Filipinas por su aspecto amable, lo que no le ha beneficiado, pues durante años ha sido exportado ilegalmente para intentar convertirlo en mascota, una tarea casi imposible.

"No pueden sobrevivir demasiado tiempo enjaulados, les provoca estrés. Después de algunos meses se golpean la cabeza y si tienen cerca un recipiente con agua se ahogan a sí mismos. Lo he visto varias veces", indicó Carlito Pizarras, responsable del cuidado de los primates en la Fundación del Tarsero en la isla de Bohol.

Según algunos estudios científicos, el animal entre rejas cuelga su cabeza de la pared hasta provocarse la muerte o incluso llega a deprimirse tanto que fallece de un trauma psicológico.

En caso de sobrevivir lejos de su hábitat, estos insectívoros que salen de caza por la noche y duermen durante el día en las ramas de los árboles viven apenas doce años, la mitad que en libertad.

Los cerca de cien tarseros del santuario de Bohol disponen de un bosque cercado de 8 hectáreas en el que viven en semi libertad y donde los turistas pueden observarlos acompañados de un guía, pero tienen prohibido tocarlos.

Esta restricción anima a muchos a visitar otros establecimientos menos rigurosos, y en teoría ilegales, donde los primates viven en un espacio reducido y los turistas se pueden fotografiar con ellos en la mano.

"El contacto con los humanos les afecta mucho, incluso pueden dejar de respirar por el estrés en esos momentos", lamenta Pizarras, que lleva toda la vida observando a los tarseros, primero como simple criador aficionado y cazador y después como cuidador.

"De pequeño solía ir a cazar con mi padre y, cuando vi un tarsero por primera vez a los 12 años, me fascinó. Enseguida quise capturarlos para criarlos en cautividad o para disecarlos y venderlos a turistas, ya que también soy taxidermista", señala.

Con los años y al tiempo que iba descubriendo las peculiaridades de estas criaturas, Pizarras se dio cuenta de que cada vez era más difícil hallarlas en las selvas de Bohol.

"Ahora está mejorando la situación, hace 30 años desaparecían porque se quemaban bosques para transformarlos en campos de cultivo.

Y también había mucha gente que los capturaba para venderlos como mascotas o campesinos que los mataban porque pensaban que comían sus cosechas", rememora.

En contra de lo que proclaman algunas guías turísticas, el tarsero filipino no es un mono, aunque esté emparentado con estos y los gorilas al pertenecer a la familia de los prosimios.

Tampoco es el primate más pequeño del mundo, pues este honor le corresponde al lemur pigmeo de Madagascar.

Gracias a sus facultades para ver en la oscuridad, potencia de salto -puede recorrer distancias de hasta cinco metros- e increíble flexibilidad en el cuello, que le permite girar la cabeza 180 grados, es capaz de defenderse de animales de mayor envergadura como murciélagos, serpientes o salamandras.

Estas cualidades otorgan al tarsero filipino (tarsius syrichta) un instinto de supervivencia tan desarrollado que la especie ha permanecido prácticamente inalterada durante 45 millones de años, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra.

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