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martes, 30 de septiembre de 2014

A. GHANI: ASUME SU CARGO EL NUEVO PRESIDENTE DE AFGANISTAN

"Juro que respetaré los preceptos del islam y la legislación de Afganistán, garantizaré la independencia de la nación afgana y, con la ayuda de dios, los derechos de todos los afganos y el progreso de este país". Con estas palabras el economista de etnia pastún Ashraf Ghani ha tomado posesión del cargo ayer lunes como nuevo presidente electo de Afganistán, en sustitución de Hamid Karzai, en el poder desde la caída del régimen talibán a final de 2001.



La ceremonia se ha llevado a cabo en el palacio presidencial en Kabul ante la presencia de centenares de mandatarios afganos y extranjeros y bajo estrictas medidas de seguridad para evitar que un ataque de la insurgencia fastidiara un acto que se consideraba histórico: es la primera vez en más de un siglo que el relevo del poder en el país se lleva a cabo de forma pacífica. Se considera que Afganistán inicia ahora una nueva etapa, sin Karzai en el poder y con un número muy reducido de tropas internacionales sobre el terreno.

Además de Ghani, también han jurado su cargo sus dos aliados en la campaña electoral: el hazara Sarwar Donesh y el uzbeko y temido 'señor de la guerra' Abdul Rashid Dostum, que serán vicepresidentes del Gobierno. Su rival en los comicios, el ex ministro de Asuntos Exteriores Abdullah Abdullah -apoyado sobre todo por la población de etnia tayika-, ha jurado ante el Corán como jefe ejecutivo, un cargo similar al de de primer ministro; y sus segundos en la campaña electoral, el hazara Mohammad Mohaqeq y el pastún Mohammad Khan, como asistentes.

Así el nuevo Gobierno de unidad afgano -con el que se puso fin a la crisis electoral y a las acusaciones mutuas de los candidatos por haber cometido fraude- será un ejecutivo con hasta seis cabezas, aunque Ghani ha destacado que él será el primero y último responsable de las políticas que se lleven a cabo.
'Hartos de la guerra'

"Estamos cansados de guerra", ha declarado el nuevo presidente afgano en el discurso que ha pronunciado tras la toma de posesión de su cargo, y que ha durado más de media hora. Ghani ha asegurado que liderará una "yihad", es decir una guerra santa, para traer la paz al país, utilizando así un término que hasta ahora se había usado para hacer alusión a la guerra que Afganistán lidió contra la Unión Soviética en la década de los ochenta.

La intervención de Ghani también se ha caracterizado por otras novedades. El nuevo presidente ha declarado que luchará contra la corrupción en la administración afgana, una de las principales lacras del país y un tema ya recurrente en los discursos de su predecesor. Pero a diferencia de Karzai, Ghani ha precisado que no permitirá que los diputados presionen a los ministros de su Gobierno para conseguir favores. "Empezaremos a luchar contra la corrupción desde dentro del Gobierno", ha insistido.

"Quiero agradecer a mi esposa su apoyo constante y su ayuda a las mujeres afganas", han sido otras de las palabras de Ghani que han sorprendido a la audiencia, y han generado críticas entre los sectores más reaccionarios presentes en la ceremonia.

Karzai nunca antes hizo referencia a su mujer y, de hecho, su esposa nunca apareció en público ni jugó un rol de primera dama en el país durante los 13 años que Karzai encabezó el Gobierno. Siempre se mantuvo encerrada en el palacio presidencial, sin hacer declaraciones.

No está claro qué rol jugará ahora Karzai, que pretende continuar en Afganistán y que este lunes declaró públicamente "su apoyo al nuevo presidente y su jefe de ejecutivo Abdullah Abdullah", palabras que arrancaron un aplauso unánime de los asistentes al acto. "Sin paz, no hay seguridad, y sin seguridad, no hay progreso político, social, ni económico", añadió, destacando que él tomó las riendas de un país destruido en el 2001 y que, a pesar de que aún falta un largo camino por recorrer, se han producido grandes cambios.

Se define como "un lector compulsivo" y asegura que cada día se sumerge en libros durante un par de horas. Ashraf Ghani, de 65 años, es tal vez el presidente con mayor formación
que ha llegado al poder en Afganistán, un país donde el 66 % de la población es analfabeta.
El porcentaje entre las mujeres es mucho mayor. Llega al 82 %.

"Lo que me hace más feliz es ver a una niña en la escuela, porque una mujer con formación puede hacer cambiar a generaciones", declaró Ashraf Ghani en una entrevista en junio. Considera que él es quien es gracias a su abuela, que tenía una alta educación y le
influyó a él y a toda la familia para priorizaran el estudio.

Licenciado en Economía en la Universidad Americana de Beirut y después en Antropología en la de Columbia en Estados Unidos, Ghani ha trabajado para el Banco Mundial, en 2009 fue reconocido como uno de los 100 intelectuales más destacados del mundo, y es autor del libro 'Arreglando Estados fallidos'. Y eso es lo que espera todo el mundo: que saque Afganistán del pozo en el que se encuentra. Sin embargo, no será fácil con el legado que hereda de su predecesor, Hamid Karzai.

Afganistán está a punto de la bancarrota. Sin ir más lejos, no dispone de suficiente dinero en efectivo para pagar los sueldos de sus funcionarios del mes de octubre. Los talibanes continúan controlando buena parte de país, y la impunidad es generalizada.

Aún así, Ghani no se apabulla y se muestra seguro de que él impulsará "el cambio y la continuidad". De hecho, ése ha sido el eslogan de toda su campaña electoral. Pretende dinamizar la economía, reestructurar las fuerzas de seguridad afganas, y está dispuesto a negociar con los talibanes para conseguir la paz.

Carisma no le falta, y sus discursos no tienen desperdicio: cambia el tono de voz, se enfada, grita y habla con ímpetu. Sabe ganarse a la gente en cuestión de segundos.

Sus detractores le recriminan que haya vivido en el extranjero la mayor parte de su vida y que no defendiera Afganistán de la invasión rusa. En cambio, sus correligionarios valoran eso precisamente: que no haya estado implicado en el conflicto. Ha recibido críticas porque su mujer es libanesa cristiana -algunos le acusan de haberse convertido también a esa religión- y porque se ha aliado con el general uzbeko Abdul Rashid Dostum, posiblemente uno de los 'señores de la guerra' con menos formación y más cruel de Afganistán.

Quienes le conocen dicen que tiene "muy mal carácter". Él se defiende diciendo que a veces lo debe tener para conseguir los resultados que persigue y admite que, si algo le caracteriza, es que es "un hombre duro".

Un tablón de anuncios situado en el amplio vestíbulo del colegio Habibia en Kabul indica que allí estudió el que ha sido hasta ahora presidente de Afganistán, Hamid Karzai, y, qué casualidades de la vida, también lo hizo quien le toma el relevo, el economista Ashraf Ghani.

"Hay buenos profesores", se limita a decir encogiéndose de hombros el director de la escuela, Said Sha Bakawoli, para explicar por qué muchos de los que han sido ministros y presidentes en Afganistán cursaron estudios en el Habibia. Daud Khan, en el poder de 1973 a 1978, y Mohammad Najibullah (1987-1992) también se graduaron allí.

Tal vez por eso, cuando los dos candidatos a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales afganas rivalizaban por el poder durante los últimos meses y se acusaban mutuamente de haber cometido fraude en las votaciones, uno tenía más posibilidades de ganar que el otro. Al menos si se tenía en cuenta su expediente académico. Abdullah Abdullah, el rival de Ghani, no estudió en el Habibia.

"Se considera el mejor colegio de Afganistán y muchas familias quieren traer sus hijos aquí", asegura el director, quien también se graduó en la escuela y fue compañero de clase de uno de los hermanos de Karzai, Ahmad Wali, asesinado en 2011 y jefe del Consejo Provincial de Kandahar durante muchos años.

"Con Hamid Karzai, tuve poca relación. Me limitaba a saludarlo. Yo iba a séptimo, y él cursaba undécimo", recuerda. Ahora el Habibia está claramente masificado. Tiene 9.200 alumnos -todos varones- de entre 6 y 20 años, y de todas las clases sociales.

La escuela se inauguró en 1903 con ayuda del Gobierno indio. De hecho, en sus inicios muchos profesores del país vecino impartían clases allí. Durante la guerra civil quedó destruida por los proyectiles de las diferentes facciones 'muyahidin' que luchaban por el poder en el país, y se reconstruyó tras la caída del régimen talibán en 2001, gracias de nuevo a fondos de Nueva Delhi.

En la actualidad el colegio aún conserva parte de su esplendor pasado. Sus amplios pasillos, grandes ventanales, un jardín enorme perfectamente cuidado y su ubicación -en la ancha calle de Darulaman, donde se encontraba el antiguo palacio real- recuerdan que el Habibia no fue un centro educativo cualquiera, sino una escuela de élite que, sin duda, dio sus frutos.

"¡Claro que sabemos que Hamid Karzai estudió aquí! Nos lo han explicado los profesores, y lo dice el tablón de anuncios de la entrada", contesta un alumno, Shirin Nagha, de 18 años y que está a punto de graduarse. Sólo le falta un curso. En el colegio hay un único retrato de Karzai, situado en la biblioteca escolar, los libros de texto apenas hacen referencia al presidente, y los profesores se quejan de que el hasta ahora responsable del Gobierno afgano nunca se dignó a visitar la escuela.

"Ha gobernado 13 años y es originario de Kandahar", responden casi al unísono una treintena de alumnos de bachillerato que estudian en la biblioteca cuando se les pregunta qué saben del ya ex presidente afgano. "Ha construido escuelas, asfaltado carreteras y ahora hay más seguridad", añade otro, incorporándose del asiento para que su voz sea más perceptible.

Sobre Ashraf Ghani, los alumnos enmudecen y se miran los unos a los otros sin saber qué responder cuando se les plantea por qué ha ganado las elecciones. Ninguno parece creer que estudiar en el Habibia haya influido en ello. "¡Ha hecho fraude!", suelta uno al final en medio de la risotada de sus compañeros. Ghani ha sido proclamado presidente sin que se haya dado a conocer cuántos votos consiguió ni qué porcentaje en las elecciones.








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