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martes, 22 de julio de 2014

EL SOMBRIO: EL COMANDANTE DE LOS PARAMILITARES RUSOS EN UCRANIA EN LA ZONA DE LA CAIDA DEL AVION

Mientras los forenses holandeses llegan al lugar donde cayó el Boeing 777 malasio, en el este de Ucrania para inspeccionar los cuerpos hallados y puestos dentro de un tren refrigerado, la zona es celosamente vigilada por un grupo de paramilitares que es dirigido por un comandante que se hace llamar Ugriumi, que significa El Sombrío.



Lejos de las disputas políticas y diplomáticas entre Moscú, Kiev y la comunidad internacional, El Sombrío lleva adelante su propia guerra, en la que todo lo que llega desde Occidente es motivo de desconfianza.

En sus duras palabras se trasluce un particular estilo, inconmovible. “Me llaman El Sombrío porque me siento mal cuando pasan varios días sin que vuele por los aires un tanque o un blindado de las fuerzas ucranianas”, aseguró a la agencia noticiosa EFE el insurgente entre las risas de sus subalternos.

El guerrillero reconoce que él no es oriundo del Donbass, sino de la región de Jersón y que se enroló en las filas de la milicia de la autoproclamada república popular de Donetsk para combatir a la Junta de Kiev, como a él le gusta llamar al nuevo gobierno.

“Mientras respire, seguiré quemando tanques y blindados ucranianos con sus comandantes dentro, como ocurrió en Krasni Limán. Sí, yo quemé el blindado con el jefe del batallón. Lo hice yo y estoy orgulloso de ello. Yo le pediría a Kiev que envíe más generales y coroneles”, asegura ufano.

Ugriumi mantiene a raya a todo aquel que se acerca a la zona cero del siniestro del avión malasio que se estrelló tras ser derribado por un misil cerca de la pequeña aldea de Grabovo, sean socorristas, expertos internacionales o periodistas.

“No fotografíen los caras. Quedan avisados. Al que vea enfocando los rostros le rompo la cámara”, advierte.

El campo donde yacen todavía más de un centenar de cadáveres es territorio difícil para todos, con la excepción de los miembros del Ministerio para Situaciones de Emergencia.

“Ustedes consideran que esta fue una tragedia. Pues sí, fue una gran tragedia. Murieron casi 300 personas. Y todos ustedes vinieron. Pero, ¿dónde estaban ustedes cuando bombardearon Slaviansk con armamento prohibido?”, dijo.

El rebelde acusa a la prensa occidental de ocultar desmanes de las fuerzas gubernamentales, como según dice “la orden de ejecutar milicianos heridos, refugiados y niños” y “destruir una ciudad tras otra” en las regiones rebeldes de Donetsk y Lugansk.

Pese a su fama de huraño, disfruta departiendo con la prensa, a la que le gusta aleccionar con frases lapidarias como: “Los norteamericanos y europeos harían bien en dejar en paz a los eslavos. La última vez llegamos hasta Berlín. Así que, mejor que no nos provoquen. En Europa solo Alemania puede hacernos frente y eso que ahora no disponen de un Ejército potente”, proclamó.

Y no quiere ni oír hablar de un posible cese de las hostilidades hasta la victoria final sobre las fuerzas gubernamentales.

 “No habrá ningún alto el fuego. Mientras haya muchos como yo, no habrá ningún cese de los combates. Solo la completa eliminación y capitulación de la Junta de Kiev y, después, ¡a comparecer ante los tribunales”, dijo.

Su buen humor cambia una vez que la caravana de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) llega a la zona, momento que aprovecha para sustituir el fusil Kaláshnikov con una ametralladora y una caja de munición de gran calibre.

Se coloca desafiante delante de los coches de la OSCE, les impide el paso y les obliga a inspeccionar el lugar a pie por la ruta marcada por los rebeldes.

Poco importa que el jefe de la misión de la OSCE, el suizo Alex Hug, ponga cara de pocos amigos y le amenace con quejarse ante los dirigentes separatistas. Únicamente, les deja visitar a un ilustre vecino de Grabovo, Alexandr, el campesino que fue testigo de excepción de la catástrofe, ya que el avión cayó a pocos metros de su casa.

 Siente una profunda desconfianza ante todo lo occidental y lo demuestra al insistir a los periodistas que pregunten a los inspectores de la OSCE cuál es su rango militar. Y es que ese fue el motivo por el que los paramilitares retuvieron en varias ocasiones durante los últimos meses a inspectores de la OSCE, bajo la acusación de que espiaban para la OTAN.


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