El ataque combinado de Estados Unidos de Amèrica e Israel a Irán se vendió como una operación sencilla, quirúrgica y beneficiosa para los norteamericanos. La realidad ha supuesto un golpe de realidad devastador para Estados Unidos a todos los niveles, pero especialmente en lo económico.
Y es que, según el Center for Strategic and
International Studies (CSIS), Estados Unidos gasta en torno a 1.400 millones de
dólares al día en una guerra que, cuanto más se prolonga, más les perjudica.
Por poner en cifras sencillas: cada misil Tomahawk lanzado cuesta 3,5
millones de dólares, cada caza F-15 derribado vale 100 millones de dólares y
solo el radar THAAD, también derribado, valía 1.700 millones de dólares.
De hecho, las palabras de Donald Trump a principios de abril,
dejaron claras las prioridades de su Gobierno. "Estados Unidos no puede
hacerse cargo de las guarderías, Medicare o Medicaid. Estamos librando
guerras".
Es más, The Guardian recogía que, tras los 12 primeros
intensos e infructuosos días de guerra, Estados Unidos tuvo que optar por armas
más económicas y de menor alcance, para no vaciar su arsenal y comprometer su
presupuesto, viendo que el conflicto iba a ser más largo de lo esperado.
No en vano, el propio Donald Trump llegó a pedir un 200.000
millones de dólares adicionales al Congreso para financiar la guerra, ante la
disminución de municiones y suministros.
Por poner en contexto, 200.000 millones de dólares
adicionales representan, aproximadamente, el 24% del presupuesto total de
Defensa de 2026, estimado en 839.000 millones.
Además, esta solicitud no haría sino incrementar la masiva
deuda que Estados Unidos acumula y que alcanza los 39 billones de dólares y que
se espera supere los 40 billones antes de las elecciones de mitad de mandato de
noviembre de 2026.
Solo en intereses anuales, Estados Unidos de América ya está pagando
cerca de 1 billón de dólares, lo que va a implicar más recortes para
generaciones futuras en atención sanitaria, cupones de comida o
infraestructuras públicas, por poner tres ejemplos.
¿Cuál es el problema de este gasto masivo? El primero, que
ahora mismo lo que busca Estados Unidos es reabrir el estrecho de Ormuz, un
estrecho que estaba abierto antes de la guerra.
El segundo, y de mayor impacto para su economía, es que ese
dinero sale en gran medida de los contribuyentes norteamericanos, quienes han
visto como en un mes se ha disparado el coste de la vida, especialmente el
precio del combustible.
Esta situación afecta, sobre todo, a las familias con menos
ingresos, quienes ya dedican el 35% de sus ingresos a alimentos y cerca del 4%
a pagar el combustible.
Esta situación ha hecho que los saldos de tarjetas de crédito
alcancen cifras récord en marzo de 2026, mientras las tasas de morosidad están
en sus niveles más altos desde la crisis financiera de 2008.
Compañías como Goldman Sachs avisaron que un conflicto corto
tendría un impacto global moderado y daños limitados, pero la guerra se ha
prolongado y el barril de petróleo ya supera los 110 dólares y apunta a llegar
a los 150 dólares.
A nivel político y social, el nivel de popularidad de Donald
Trump está en mínimos históricos y, según encuestas de Fox News, el 61% de
ciudadanos rechaza su gestión en la guerra contra Irán.
Mientras, el sentimiento del consumidor, medido por la
Universidad de Michigan, está por los suelos, pues los ciudadanos consideran
que la economía empeora cada día que pasa y el descontento se incrementa.
Lo peor para Estados Unidos de América es que Irán ya ha reabierto el
estrecho de Ormuz para casi todo el mundo, salvo para Estados Unidos, Israel y
sus aliados en esta guerra.
El daño que está causando el conflicto en Irán a Estados
Unidos de América, va mucho más allá de
lo económico y las consecuencias se empezarán a ver a no mucho tardar, por
muchos insultos que profiera Donald Trump en redes sociales.
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