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sábado, 10 de febrero de 2018

VENEZUELA: SUS HABITANTES HUYEN HACIA DONDE PUEDEN, COMO SI ESCAPARAN DE LA PESTE

La ola migratoria como consecuencia de la crisis humanitaria en Venezuela colmó la capacidad de Colombia de recibir a los desesperados venezolanos que huyen del régimen de Nicolás Maduro. A partir de ahora, Colombia intensificará los controles migratorios y reforzará la seguridad en la frontera, pero mantendrá la ayuda a los venezolanos que ya están en su territorio. El presidente Juan Manuel Santos visitó el pasado jueves la ciudad limítrofe de Cúcuta para anunciar que su gobierno dejará de expedir tarjetas de movilidad fronteriza destinadas a facilitar el tránsito de venezolanos en la zona y que establecerá un sistema único de registro para quienes ya se encuentran en Colombia, pues se encuentrtan desbordados con los 30.000 venezolanos que cruzan todos los días la frontera.

En menos de un año, Colombia expidió 1,3 millones de tarjetas de movilidad fronteriza. Los venezolanos que a partir de ahora quieran entrar a Colombia, deberán hacerlo con su pasaporte. "Es un problema del que no tenemos precedentes, no hemos tenido experiencia y por eso tenemos que ir aprendiendo. El problema se ha venido agravando", sostuvo Santos.

El mandatario dijo que con el apoyo de Naciones Unidas comenzará a funcionar un centro de atención a migrantes venezolanos para brindarles ayuda humanitaria, y anunció que un total de 3.000 efectivos de la Policía Nacional y las Fuerzas Militares reforzarán la seguridad en la frontera.

Estos efectivos —de tierra, aire y mar— serán desplegados a lo largo de los 2.200 km que tiene la frontera con Venezuela, y tendrán como principal objetivo mejorar el control sobre las "trochas" (pasos ilegales) por donde cruzan cientos de migrantes y además operan bandas de delincuentes, agregó.

Hasta 30.000 venezolanos cruzan a diario la frontera y llegan a ciudades de Colombia como Cúcuta, buscando un alivio a la creciente violencia, la escasez de productos básicos y la hiperinflación que sufre Venezuela. La mayoría luego regresa a su país, pero otros se quedan en Colombia.

En Cúcuta, una ciudad de aproximadamente 670.000 residentes, cada vez más venezolanos desesperados duermen en las calles o debajo de puentes y hasta abandonan a sus hijos.

El número de venezolanos que viven en Colombia aumentó un 62% en el segundo semestre del 2017 a más de 550.000, de acuerdo con la autoridad migratoria local.

En las localidades colombianas fronterizas con Venezuela, los sistemas de educación y de salud comenzaron a verse desbordados en los últimos meses por la demanda de miles de venezolanos, provocando un deterioro en los servicios sociales destinados a los colombianos más pobres.

"Debemos ser generosos con Venezuela en este momento de dificultad. Venezuela fue muy generosa con Colombia, con millones de colombianos (...) con generosidad estoy seguro de que vamos a poder enfrentar este problema y salir adelante", dijo Santos en medio de una bodega en donde se almacenan alimentos y otros productos para atender la crisis humanitaria.

"Desde aquí quiero repetirle al presidente Maduro: estos son los resultados de sus políticas, no es culpa de los colombianos, y es el resultado de su negativa a recibir ayuda humanitaria que se le ha ofrecido en todas las formas, no solo de Colombia sino de la comunidad internacional", concluyó Santos en su visita a Cúcuta.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, que se reunió el martes con Santos en Bogotá, afirmó que el gobierno de Donald Trump evalúa girar a los migrantes venezolanos en Colombia recursos que estaban destinados a Venezuela.

Algunos venezolanos le pidieron ayer a Santos no cerrar la frontera y advirtieron que hacerlo aumentaría el drama de miles de sus compatriotas.

"Es bueno que Juan Manuel venga para que se dé cuenta las calamidades que existen en la frontera, porque del lado venezolano nos estamos muriendo de hambre y no se consigue medicina", dijo Carmen García, de 55 años, del municipio Bolívar en Venezuela.

"Le pido al presidente de Colombia que nos siga recibiendo y que no cierre la frontera porque ayudaría entonces a empeorar la situación de Venezuela", dijo la mujer.
"Del lado venezolano nos moriremos de hambre, Santos no cierre la frontera". Foto: Reuters

También Brasil.

Pero la puerto de salida de los venezolanos no es sólo por Colombia. Ayer jueves el ministro de Defensa de Brasil, Raul Jungmann, dijo estar "impactado" con la situación en el estado de Roraima, que en los últimos meses ha recibido decenas de miles de personas de Venezuela, y aseguró que evalúa una ampliación de la actuación del Ejército en la frontera.

Cuatro ministros brasileños, entre ellos el de Justicia, visitaron ayer Roraima para discutir alternativas para dar asistencia a los venezolanos que llegan a este estado, principalmente a su capital, Bella Vista, ciudad de 320.000 habitantes y que en los últimos meses recibó cerca de 32.000 venezolanos, muchos de los cuales viven en las calles.

"No queremos morir".

Decenas de personas que padecen enfermedades crónicas y severas protestaron ayer en Caracas para exigir tratamientos, y denunciaron escasez de medicamentos al grito de "No queremos morir". Codevida, organización que los reúne, señala que 16.000 personas están en riesgo inminente de muerte por el cierre de las unidades de diálisis y que 3.500 trasplantados no tienen acceso a inmunosupresores. Además, 5.660 mujeres con cáncer de mama diagnosticadas anualmente no tienen acceso a quimioterapia y al menos 6 fallecen diariamente.

Oposición, golpeada, define si va a elecciones.

La oposición venezolana, dividida y con una crisis de liderazgo, deberá resolver si participa en las elecciones del 22 de abril.

Los adversarios de Nicolás Maduro recibieron como un mazazo la fecha de las elecciones, tras naufragar el miércoles las negociaciones para consensuar ese punto y las garantías del proceso.

"Somos como boxeadores que hemos recibido tantos golpes que estamos aturdidos", admitió Julio Borges, jefe negociador de la coalición Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Como un primer sacudón, Borges anunció reuniones entre líderes de la MUD y sectores sociales para definir una estrategia, además de una nueva gira internacional para denunciar la crisis política y socioeconómica. Y reconociendo que uno de los mayores escollos de la alianza son sus profundas divisiones, llamó a la unidad para impedir la reelección de Maduro por seis años más. "Sin unidad, estamos muertos", advirtió.

El adelanto de las votaciones fue rechazado por Estados Unidos de América, varios países de América Latina y el Parlamento europeo, que prometieron no quedarse de brazos cruzados.

La MUD está dividida por diferencias sobre la estrategia para sacar a Maduro del poder. Y luce débil, con sus principales líderes inhabilitados políticamente y la desconfianza de un sector por haber dialogado con el régimen.

Ahora, con las elecciones encima, está en la encrucijada de ir o no a las urnas. Pero tiene otro desafío: elegir un candidato de consenso con el tiempo en contra, pues las inscripciones serán del 24 al 26 de febrero. Borges citó dos de los escenarios que analizan: marginarse o inscribir un candidato para evidenciar las irregularidades del proceso.

"Está claro el triunfo de Maduro, a no ser que la oposición logre alguna decisión unitaria", opina la politóloga Francine Jácome. Con riesgo de mayores quiebres, las fuerzas opositoras no deberían participar, estima por su parte el analista Leandro Area. "No se trata de abstenerse, sino de no ser copartícipe de un fraude", dice.

Pero otros expertos como Luis Salamanca observan que el camino electoral es el que tiene "más posibilidades" de generar cambios.



La gestión de Maduro, quien buscará la reelección en los comicios del 22 de abril, es considerada "mala" o "pésima" por 75% de los venezolanos, según una encuesta del Instituto Venezolano de Análisis de Datos. El 58,4% de los consultados cree que la gestión del mandatario es "pésima", 16,6% "mala", y 4,3% que va de "regular hacia mala".

De las 1.200 personas encuestadas, 77% considera que el país necesita un cambio de gobierno. La falta de comida y medicamentos es el principal problema para la mayoría de los entrevistados (56,4%). Le siguen la inseguridad (44,9%) y el alto costo de la vida (43,8%).

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