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jueves, 31 de marzo de 2016

BRASIL: LOS JUEGOS DEL PODER

La salida del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de la coalición de gobierno brasileña dibuja un nuevo y 'shakespiriano' escenario de juego de poderes en Brasilia. Al tiempo que Romero Jucá, el vicepresidente del mayor partido de la Cámara, anunciaba que "nadie está autorizado a ejercer un cargo nacional en nombre del PMDB", los afiliados del partido gritaban "¡Temer, presidente!" y nada indicaba que el vicepresidente del Ejecutivo fuera a renunciar a su cargo tras la salida de su partido del pacto de Gobierno.


Con él, el partido hará una "excepción", "porque es un cargo electo", informó el propio Jucá.
La estrategia del PMDB, como un felino que se agazapa bajo la hierba antes de atacar a su presa cuando esté más desprotegida, es precisamente dejar a Temer como vicepresidente para asaltar el poder si Rousseff acaba siendo derribada por el proceso de 'impeachment' que corre en la Cámara en su contra, pues Temer es el primero en la línea de sucesión.

Al ser un cargo elegido democráticamente -formaba parte de la campaña de Dilma como 'número dos'-, la mandataria no tiene competencias para destituirlo.Para el Gobierno del PT, la salida de 69 diputados (de un total de 513) del apoyo al Ejecutivo resulta una complicación extra para su ya complicada gobernabilidad. Y no sólo eso: también le complica la supervivencia a Rousseff ante la comisión de 'impeachment' que se celebra en su contra por la 'improbidad administrativa' cometida en el balance de cuentas de 2014.

La presidenta cuenta con 216 diputados aliados en el Parlamento, 45 más de los 171 votos que necesita contra el 'impeachment' para permanecer en el cargo. Pero ahora, una vez desvinculado del Ejecutivo, el PMDB tiene libertad para negociar con diputados de otros partidos aliados del Gobierno para darle la puñalada final a Rousseff.Hay quien piensa, dentro del PT, que la salida del PMDB es un alivio y una oportunidad para redefinir un Gobierno menos acorralado por las exigencias de un partido muy conservador y siempre ávido de cargos y poder.

Por ahora, la presidenta trabaja en crear un bloque sólido de aliados sumando las fuerzas del Partido Progresista (PP), el Partido de la República (PR) y el Partido Social Demócrata (PSD). Todos ellos han mantenido hasta ahora un papel secundario en el Ejecutivo y ahora ven cómo la salida del PMDB les abre las puertas de al menos 3 ministerios y unos 700 cargos. Juntos, suman 129 votos en la Cámara de modo que, si Rousseff consigue su apoyo, lograría la fuerza necesaria para bloquear el 'impeachment'.

De los 7 ministros del PMDB, Henrique Alves, de Turismo, ya abandonó su cargo; 3 más (Secretaría de Puertos, Minas y Energía y Aviación Civil) lo harán en los próximos días, según la televisión Globo y 3, sin embargo, preferirían permanecer en sus cargos aunque a cambio tengan que dejar el partido. Son Marcelo Castro, de Sanidad; Katia Abreu, de Agricultura; y Celso Pansera, de Ciencia y Tecnología.Horas después del anuncio del PMDB, #renunciatemer era 'trending topic' en todo Brasil, una petición de coherencia a la estrategia 'pemedebista'.

Temer, que hace un año aseguraba que "no hay base jurídica para el 'impeachment'" y se postulaba como el pegamento entre Gobierno y PMDB, completó este martes su transformación en enemigo del Ejecutivo convirtiéndose en el principal precursor de la salida de Rousseff, aunque él se mantenga como vicepresidente.

Resulta curioso que en el PMDB le consideren salvador de la patria precisamente a él, que formaba parte de la misma campaña presidencial de Rousseff en 2014 investigada por el Tribunal Supremo Electoral por posible financiación ilegal.

Temer también estuvo en el Ejecutivo que firmó los balances económicos irregulares (pero no ilegales) que rechazó el Tribunal de Cuentas y sirvieron para abrir un proceso de 'impeachment' contra la mandataria. No tiene el PMDB mucha credibilidad para, después de 13 años apoyando a gobiernos del PT, cambiar de equipo en el minuto 70 del partido para alejarse de la oscura nube de corrupción que planea sobre el Ejecutivo.

La ex presidenciable Marina Silva, al frente del nuevo partidoRede Sustentabilidade, explicaba así la postura del PMDB: "En tres minutos, sólo tres minutos, y por unanimidad de las federaciones presentes, el PMDB abandonó al Gobierno del que había sido su mayor socio y beneficiario en los últimos 13 años.Ninguna satisfacción a la sociedad, ninguna petición de disculpas por haber sido responsable de todo lo que llevó a la situación actual, ninguna autocrítica, ninguna propuesta.
Tan sólo la jugada política supuestamente magistral para intentardespegarse de la crisis política y reinventarse como solución. Continúa el mismo y viejo PMDB intentando renacer de las cenizas de la hoguera que ellos mismos ayudaron a atizar".

En efecto, el PMDB tiene a más personas siendo investigadaspor el Supremo debido al 'caso Petrobras' que el propio PT. Son un total de 7, por 6 del partido de Lula, y entre ellos nada menos que el vicepresidente del partido, Romero Jucá; el presidente del Senado, Renan Calheiros y el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha.

Este último es, sin duda, el personaje más oscuro de todo el'thriller' político brasileño. Se enfrenta ante una Comisión de Ética que podría destituirlo una vez está casi demostrado que tenía cuentas en Suiza en las que recibía importantes sumas de dinero de la trama corrupta en torno a Petrobras, que desvió unos 5.000 millones de euros de las arcas públicas en el amaño de contratos de obras.

Pero, siempre hábil en sus artimañas y con gran capacidad para sumar apoyos, Cunha está intentando alterar la composición del Consejo de Ética que le juzga para salvar su cargo.Cunha fue un adelantado a su partido y anunció hace meses su ruptura con el Gobierno, al que culpó de ponerle en el punto de mira del Supremo por la corrupción. Lo más estrambótico es que si Rousseff fuera finalmente destituida y Temer también cayera, en caso de que se probara que ambos actuaron de forma irregular, Cunha asumiría el poder hasta que se convoquen elecciones,.

Y eso a pesar de que su nombre está mucho más manchado que el de la mandataria y el 'número dos' del Ejecutivo.Pero los políticos brasileños están demostrando que su objetivo es salvar el pellejo y mantener o conseguir el poder. A más poder, más inmunidad, más votos que ayuden a frenar procesos en tu contra.

Por eso, tampoco al Gobierno de Rousseff, urgido por necesidades, parece importarle mucho que uno de los partidos que aumente poder en el Ejecutivo tras la salida del PMDB sea el PP, justamente la formación con más investigados (32) por el 'caso Petrobras'.Ante este panorama, no sorprende que el rechazo a la presidenta Rousseff se dispare a un 69 %, según ha publicado ayer miércoles el instituto público de estadística IBOPE.

Tampoco sorprende que cientos de miles de personas salgan a las calles contra la mandataria y, al tiempo, abucheen al líder de la oposición Aécio Neves (PSDB) cuando se presenta en las marchas, pues su nombre también ha aparecido en varias declaraciones de implicados en el 'caso Petrobras' como otro de los que cobraron 'mordidas'.

En esta coyuntura de grave crisis de representatividad política, en que Gobierno y oposición parecen más preocupados en su particular Juego de Tronos que en la estabilidad de un país con una economía a la deriva (se contrajo un 3,8% en 2015), gran parte de los manifestantes ve a su salvador en un juez, Sergio Moro.

Pero también está perdiendo su credibilidad el magistrado-estrella, que convirtió la investigación en una película de Hollywood cuando llevó a Lula a declarar forzosamente ante la policía y, sobre todo, cuando divulgó decenas de escuchas telefónicas del ex mandatario que no probaban ningún crimen.




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