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sábado, 20 de febrero de 2016

ARGENTINA - CHINA: DE LA MANO POR LA CALLE

El nuevo gobierno de Argentina, encabezado por el Ingeniero Mauricio Macri,  revisa varios grandes proyectos acordados con China. Pero más allá de cambios de forma y de prioridades, no se vislumbra una marcha atrás en una alianza a la que Beijing dio rango de estratégica e integral.


Evaluar o cancelar lo que se considerase “poco transparente” o “secreto” en esta relación formó parte de las promesas electorales de Mauricio Macri, cuya Presidencia comenzó el 10 de diciembre, reiteradas en el comienzo de su gestión.

Su predecesora, la Dra. Cristina Fernández (2007-2015), promulgó en marzo de 2015 un grupo de leyes que dieron vida a un convenio marco de cooperación en materia económica y de inversiones con China.

Se consolidó así una “alianza estratégica integral”, según la ha categorizado Beijing, en lo que representa el undécimo escalón de los 14 en que el gobierno chino clasifica a sus socios internacionales.

Durante la campaña que lo llevó al poder, Macri y los suyos criticaron ásperamente los acuerdos con China, pero pasada la efervescencia electoral, el nuevo gobierno cambió de tono.

“No podemos negar el peso de China en el mundo. No hace a los intereses de la Argentina romper con China”, ratificó la nueva canciller, Susana Malcorra, ubicando este vínculo en “una relación equilibrada con el mundo”.

De hecho, Macri utilizó el mismo diciembre el acuerdo swap (intercambio de divisas entre sus bancos centrales) con China vigente desde 2014, en lo que constituyó su primera medida para fortalecer las alicaídas reservas internacionales argentinas.

Además, escogió como su embajador ante Beijing a Diego Guelar, un diplomático considerado un impulsor de la alianza sino-argentina.

“Los pactos internacionales hay que respetarlos… Algunos creen que si incumplimos con los chinos eso va a ser bien visto, entre comillas, por Estados Unidos o por Europa”, sostuvo Guelar en una entrevista con el diario Perfil.

“Todo lo contario: el que incumple con unos incumple con los otros; es decir, una Argentina previsible, que cumple con sus compromisos internacionales, que es leal con sus socios extranjeros, es un dato central de esa credibilidad que tenemos que desarrollar a pleno”, enfatizó.

El embajador de China en Buenos Aires, Yang Wanming, recordó que su país figura como la tercera fuente de inversiones para Argentina, y que en el último lustro el monto de inversiones y las operaciones de adquisición y fusión en Argentina, ronda los 8.300 millones de dólares.

La continuidad de esos proyectos “tendrán un efecto ejemplificador para la cooperación sustancial sino-argentina en el futuro”, planteó.

Así que el pragmatismo parece ganar otra vez al discurso político.

“La relación con China explica en buena parte los años de crecimiento económico después de la crisis de 2001. Aproximadamente desde 2009, se verifica un crecimiento muy importante en las inversiones chinas en América Latina”, recordó a IPS el académico argentino Gonzalo Paz.

“Los anuncios de la revisión de los acuerdos se da tanto como consecuencia de la campaña electoral, como por la necesidad de hacer un estudio completo de todos los temas de la relación, y en particular de los megaproyectos que se cerraron en la etapa final de la Presidencia anterior”, opinó.

Paz, especialista en las relaciones entre el Este Asiático y América Latina de la usamericana Universidad de Georgetown, cree que Macri buscará ampliar sus vínculos con socios históricos como Italia, Francia y destrabar sus relaciones con Estados Unidos de América.

“Pero una potencia de primera magnitud mundial como China debe seguir siendo un socio central de Argentina”, añadió.

En una entrevista a la revista cultural argentino-china Dang Dai, Guelar anunció que, en todo caso, revisarán cuestiones que “se hicieron mal o desprolijamente”.

“Creo que las críticas que se hicieron a esos proyectos van a suponer cambios pero no una ruptura de la relación con China”, señaló a IPS el director de Dang Dai, Néstor Restivo, coautor del libro “Todo lo que necesitas saber sobre China”, de la editorial Paidós.

“Hacia adelante será fundamental ver qué nuevas áreas de cooperación se abren o proyectos se desarrollan, es decir sería un grave error sólo enfocarse en el manejo de los proyectos surgidos en la etapa anterior y no tener una política proactiva”, consideró Paz.

Mirada sobre megaproyectos

Entre los proyectos que se revisarían, uno de los más emblemáticos es el de la construcción del Complejo Hidroeléctrico Néstor Kirchner-Jorge Cepernic, en la sureña  y patagónica provincia de Santa Cruz, por un valor de 5.000 millones de dólares, 85 % financiados por China.

La obra fue adjudicada en 2013 al consorcio Represas Patagonia, encabezado por las empresas argentinas Hidrocuyo y Electroingeniería y la china Gezhboua Group, e incluye la construcción de dos represas sobre el río Santa Cruz.

El complejo generaría 1.740 megavatios, que satisfacerían al completarse la obra en 2020,  el 8 % de la demanda eléctrica del país, acuciado por una crisis energética.

Otro megaproyecto, acordado en noviembre, es el de la construcción de dos centrales nucleares, que serían la cuarta y la quinta del país y que contarán con más de la mitad de componentes argentinos y con una inversión de unos 15.000 millones de dólares, que China financiaría también en 85 %.

El acuerdo incluye transferencia tecnológica china y exploración conjunta de  terceros mercados.

“Creo que no va a haber marcha atrás en la relación con China” y lo mismo sucederá con el complejo hidroeléctrico, que además de estar en marcha se otorgó en una licitación internacional, enfatizó Restivo.

“Es la mayor obra que actualmente tiene China en el mundo, fuera de China….Si el nuevo gobierno entiende que hubo alguna irregularidad, irá por otros carriles, pero es casi imposible pensar en un detenimiento de esa obra”, subrayó.

Sobre las centrales nucleares, Restivo piensa que puede haber cambios, a partir del plan estratégico energético del nuevo gobierno.

“Pero hay cartas de intenciones firmadas, y no quedaría del todo bien ir para atrás con los chinos, aunque todo es negociable”, evaluó el economista y sinólogo.

“Los chinos protestarían si se quedaran afuera de lo que ya está firmado pero son lo suficientemente flexibles o pragmáticos como para ver de qué manera compensar eventualmente un negocio que se perdería en esto”, evaluó.

El proyecto de cuya suerte más duda Restivo es el suscrito en agosto pasado entre los dos gobiernos para la renovación de los trenes y la red, que comunica a 17 provincias, de la empresa ferroviaria pública Belgrano Cargas y Logística.

El acuerdo estableció un primer tramo de financiamiento chino de 2.400 millones de dólares, más otro posterior de 2.470 millones, y preveía en el futuro el transporte de producción agroalimentaria argentina y brasileña hasta puertos chilenos en el océano Pacífico.

En la ola de despidos de empleados públicos lanzada por el nuevo gobierno se desmanteló la plantilla de la empresa Fabricaciones Militares, encargada de construir un millar de vagones, con más de 80 % de componentes nacionales, una parte clave en la reconstrucción de la industria ferroviaria local.

“Es muy posible que ahora no contemos más con la parte que a uno le interesa más, que los acuerdos con China sirvan para industrializar a Argentina y no solo sirvan al interés chino”, lamentó Restivo.

Más allá de estas incertidumbres,  el embajador Wanming apuesta a más: “Promover un nivel más alto en la alianza estratégica integral” de Beijing con Buenos Aires.

Fuente: IPS



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