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sábado, 14 de noviembre de 2015

FRANCIA: NUEVA MATANZA REALIZADA POR MUSULMANES

La toma de rehenes en la sala de conciertos Bataclan de París ha terminado con un centenar de muertos a manos de los terroristas musulmanes, según han informado fuentes policiales y recoge la agencia France Presse. En el asalto policial que ha terminado con el secuestro han muerto al menos 3 terroristas que, según la misma agencia, detonaron sus cinturones explosivos. La sala tiene un aforo de 1.500 personas. Pasadas las 12 de la noche en la Bataclan se escucharon hasta siete disparos y seis detonaciones. La policía acababa de entrar. Los agentes temían que los asaltantes que se habían encerrado hacia las diez de la noche con cientos de personas que asistían a un concierto pudieran hacer volar la sala. "La policía entró tirando granadas intimidatorias", cuentan a EL PAÍS envueltos en mantas térmicas fuera del local tras el asalto un padre y un hijo, Hervé Antoine y L'Heureux Antoine, de 17 años. Habían ido a ver juntos el concierto. "Comenzaron a oírse disparos y los miembros del grupo, los Eagles of Death Metal, se tiraron al suelo", cuentan. "Ha habido decenas de muertos: han estado una hora entera disparando contra nosotros. Los dos nos escondimos donde pudimos, pero ha sido una masacre. Entre el público había menores de edad, aunque no hemos visto si alguno ha muerto". La sala de fiestas dispone de un restaurante con terraza que fue ametrallada por los terroristas antes de que estos se internaran en la sala. Fue ahí donde varios testigos aseguran que oyeron una primera ráfaga de disparos y una segunda con unos segundos de silencio en medio. Eduard Veilly, de 39 años, fue de los pocos que logró escapar en el momento en que los terroristas entraron en la sala. Al cruzar el cordón policial estaba descompuesto. “Había salido a fumar un cigarrillo y he empezado a escuchar disparos. He entrado corriendo, pero con la música nadie se estaba dando cuenta de lo que pasaba. De repente alguien ha empezado a correr y ha habido una avalancha. He caído al suelo, pero alguien me ha levantado y he conseguido escapar, pero todos mis amigos se han quedado dentro. Es terrible, ha sido una carnicería”, explicaba justo después de lograr salir del local. Un periodista de Europe 1 presente en el ataque contó en la página web de su cadena: “Dos o tres individuos han entrado con armas automáticas del tipo Kalashnikov y han comenzado a disparar contra la multitud. Ha durado unos 10 o 15 minutos. Ha habido un ataque de pánico. Todo el mundo ha corrido hacia el escenario pisándose unos a otros”. “Los asaltantes han tenido tiempo de recargar unas tres veces. No llevaban máscaras. Eran muy jóvenes”. El reportero de Europe 1 explicó que, al escapar por una salida de socorro, antes de que se produjese la intervención policial y entre los disparos de los asaltantes, tuvo tiempo de ver “una decena de cadáveres en el suelo entre charcos de sangre”. “Uno de los heridos era una chica con dos impactos de bala que he llevado 50 metros en brazos hasta entregársela a los bomberos”, contaba. “Después de cada ráfaga, intentábamos lanzarnos lo más lejos posible de los tiradores”, ampliaba en Le Figaro otro testigo. “Fue un caos. Una canción estaba terminando cuando he oído petardos. El cantante ha levantado su guitarra, me he vuelto y he visto a un tipo disparando al aire. Todo el mundo se ha tumbado”. Algunos de los rehenes retenidos en la sala tuvieron la sangre fría de enviar mensajes en las redes sociales contando su experiencia. Fue el caso de Benjamin Cazenoves, que a medianoche pedía a través de Facebook la intervención inmediata de la policía: “Hay supervivientes en el interior. Matan a todo el mundo. Uno por uno. En el primer piso. Rápido”. Media hora después daba la noticia de la liberación y de que se encontraba entre los supervivientes con solo unos cortes. Tras la intervención policial, hacia la una de la mañana, los supervivientes han salido con las manos sobre la cabeza. Unas 15 ambulancias han entrado en la zona, el barrio de Oberkampf, una de las zonas de copas de la ciudad y que permanecía acordonada y con los clientes encerrados en los establecimientos. Los heridos salían en camillas. Mientras los supervivientes iban abandonaban el escenario de la masacre había llantos y llamadas a familiares. La policía tomaba testimonio a los jóvenes llenos de sangre y cubiertos con mantas y luego los subía a autobuses. Histéricos, todos hablaban de masacre. A la misma hora a la que los asaltantes tomaron la sala, sobre las 21.30 en el distrito diez, otro terrorista entraba disparando en dos restaurantes: el Carillon y el Petit Cambodge. Ahí las escenas, aunque con muchas menos víctimas, volvían a ser de auténtico pánico. “Estábamos tomando algo en la barra y el chico que tenía al lado ha caído desplomado. Tenía un tiro en la pierna. Hemos seguido escuchando disparos y dos personas más han caído heridas”, ha relatado a EL PAÍS María M., una superviviente.

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