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lunes, 12 de octubre de 2015

RUSIA: LAS FABRICAS DE TROLLS

La Justicia rusa ha ordenado que se pague un euro de compensación a la activista y periodista Lyudmila Savchuk en un caso que ha puesto al descubierto la existencia de la rama “virtual” de la todopoderosa máquina de propaganda del presidente del país, Vladímir Putin. El pasado mes de enero, Savchuk comenzó a trabajar para la Agencia de Investigación de Internet, una oscura empresa ubicada en San Petersburgo que resultó ser una fábrica de trolls (como se llama a los agitadores profesionales de las redes sociales) al servicio de Putin. Dos meses más tarde, la joven fue despedida tras filtrar a la prensa local lo que se estaba cociendo en aquellas oficinas: cientos de personas trabajaban día y noche para crear corrientes de opinión a favor del presidente y en contra de sus enemigos. Savchuk denunció a la empresa por haberla contratado sin respetar la legalidad, pero afirmó que su único objetivo era dar a conocer lo que para muchos era un secreto a voces, la existencia de fábricas de trolls en Rusia. La revelaciones de Savchuk “El pasado mes de octubre decidí investigar esta estructura desde dentro. Hablé de ella con varios amigos activistas. También pedí consejo sobre cómo actuar a varios abogados”. Durante dos meses, por un salario mensual de entre 40.000 y 50.000 rublos (entre 700 y 900 euros), Savchuk y otros empleados de la Agencia de Investigación de Internet bombardearon cientos de páginas web con comentarios de elogio hacia Vladimir Putin y críticas a sus oponentes. Cuando la prensa local divulgó las revelaciones de la periodista (publicadas en forma de entrevista anónima), se armó un gran revuelo en las oficinas. Dos horas más tarde, sus jefes ya sabían que había sido ella quien había dado el chivatazo. “Cuando llegué había un gran alboroto en la oficina. Todo el mundo estaba estresado. Escuché que alguien había contado todo sobre el trabajo. La chica que estaba sentada en frente de mí recibió el encargo de escribir cosas desagradables sobre el artículo. Dos horas más tarde, los jefes ya sabían quién había filtrado la información. Me llevaron a una oficina. Habia mucha gente. Todos jefes. A algunos los conocía, a otros no. Estaban muy enfadados”. “Cuando salí de la oficina, llamé a todos mis amigos periodistas y les describí la situación. Temo por su seguridad, porque saben todo sobre mi vida privada (mi número de pasaporte, la dirección de mi casa, etc)… Mis colegas me ayudaron.” ¿Qué es una fábrica de trolls? Las revelaciones de Savchuk sobre la agencia han fascinado a los rusos, pero no porque sean impactantes, sino porque confirman lo que muchos sospechaban desde hace años: en Rusia, internet está inundado de trolls. En el origen del auge de las fábricas de trolls se sitúan las protestas antigubernamentales de 2011, cuando decenas de miles de personas salieron a las calles para denunciar el supuesto fraude registrado en las elecciones legislativas. En Rusia, poco más del 50% de la población utiliza regularmente internet. La primera impresión que reciben los usuarios que poco a poco se suman a este grupo es fundamental para quienes están detrás de estas agencias: - “El negocio de las fábricas de trolls es cada vez más importante”, explica Platon Mamatov, quien, según el New York Times, tuvo su propia granja troll en los Urales desde 2008 hasta 2013. Por allí pasaron cerca de cuarenta trabajadores, la mayoría estudiantes y madres jóvenes, cuya misión consistía en realizar trabajos en línea para sus contactos en el Kremlin y para las autoridades locales y regionales del partido Rusia Unida, la formación de Putin. Mamatov dice que hay decenas de “fábricas” como la suya en todo el país y que trabajan para las autoridades en todos los niveles. Como es una industria reservada, sus fondos se canalizan a través de un laberinto de contratos y empresas ficticias, por lo que es muy difícil estimar con exactitud cuántos trolls están trabajando para el Kremlin. Mamatov afirma que “hay miles. No estoy seguro de cuántos, pero sí de que hay miles de personas”. Cómo trabajan los trolls Los trolls que trabajan para el Kremlin hacen uso de todas las redes sociales disponibles para enaltecer la figura y la política de Putin. Facebook, Twitter, YouTube, LiveJournal.com así como las redes rusas vk.com y diferentes foros son inundados con comentarios de apoyo al Kremlin y críticas anti-occidentales. La mayoría de la gente escribe en ruso. El trabajo se organiza por departamentos: servicios secretos, prensa, informativos en directo, etc. Los asalariados no firman ningún contrato y reciben el sueldo en efectivo. “Es dinero contante y sonante”, dice Savchuk. Unos 50.000 rublos al mes, alrededor de 900 euros, pero nadie sabe exactamente de dónde viene. “Como ciudadana, lo que me preocupa y molesta es que no haya dinero en Rusia para importantes proyectos sociales, pero sí para este sinsentido, para que haya cientos de trolls”. Por lo general, los trabajadores son personas jóvenes, estudiantes que necesitan dinero. Los trolls son captados por anuncios a través de internet que buscan corresponsales, animadores, etc. ¿Quién paga? El Kremlin niega cualquier vinculación con la fábrica de trolls. El pasado 5 de junio, Dmitriy Peskov, portavoz del presidente ruso, aseguró que el Kremlin no sabía nada acerca de esta organización. Para saber más: http://www.theguardian.com/world/2015/aug/18/woman-who-sued-pro-putin-russian-troll-factory-gets-one-rouble-in-damages http://www.nytimes.com/2015/06/07/magazine/the-agency.html http://www.theguardian.com/world/2015/apr/02/putin-kremlin-inside-russian-troll-house

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