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lunes, 31 de agosto de 2015

MALVIN NORTE: LA VIDA JUNTO A UN ASENTAMIENTO DE MARGINALES

El "Muro de Berlín", como lo llaman los vecinos de Malvín Norte, divide el complejo INVE 16 y un asentamiento a 300 metros de esa esquina. Por los agujeros del muro se cuelan marginales para robar en el vecindario. Muchos quieren mudarse. Sin embargo, saben que es muy difícil concretar ese sueño. El metro cuadrado de un apartamento de dos dormitorios en Malvín Norte se cotiza 65% menos (US$ 770) que uno similar en Malvín Sur (US$ 2.100). Al caer la tarde, el público que llega al entorno de Iguá e Hipólito Yrigoyen cambia. Para algunos comerciantes, la tensión sube. Detrás de rejas y hasta con perros en el interior de los locales, algunos comerciantes observan con ojos recelosos a los jóvenes que caminan con gorras, remeras y championes de marca. No le temen a los hurgadores. Hay vecinos que saben que los ladrones no están ocultos detrás de árboles ni agazapados en muros para dar el golpe. Los delincuentes están en los techos de sus casas y aguardan que salgan por cinco minutos para entrar. Así es la vida en Malvín Norte, antes y después de los saqueos a un supermercado ocurridos el martes 25. Rastrillos. Desde hace 34 años, María Fernández vive a metros de la esquina de Iguá e Hipólito Yrigoyen. Afuera de su vivienda tenía un juego de comedor de hierro y un cartel que indicaba el nombre del comercio de su esposo, ubicado a un costado de la casa. Primero se llevaron el juego de comedor, después el cartel con el nombre del comercio y finalmente la varilla de hierro que sostenía el cartel. Cualquier cosa les sirve a los "rastrillos". La calle Iguá es un "corredor" que une el asentamiento de Malvín Norte con el de la Cruz de Carrasco. Esa es una de las causas del creciente número de rapiñas constatadas por el Ministerio del Interior en los últimos cuatro años. Sentada en el mostrador de su pequeño comercio, María observa el trajinar de personas que circulan por la calle Iguá y realiza un juego mental de clasificación de peatones en función de su vestimenta y actitudes: delincuente, delincuente, delincuente, delincuente, delincuente, delincuente, vecino. "Cada 10 personas que pasan por la esquina, nueve son ladrones", dijo María a El País. Por eso, agregó, "ahora da miedo vivir acá. De noche no salgo a la calle por nada del mundo". El propietario de un comercio ubicado a una decena de metros de la "esquina peligrosa" sufrió dos intentos de rapiña en los últimos 10 años. En ambos atracos intentó sacar el arma a los delincuentes. Se trata de una estrategia que va en contra de todos los manuales policiales sobre atracos. En uno de los casos, el delincuente se acercó tanto que el comerciante pudo quitarle el arma. El empresario apuntó al rapiñero y jaló el gatillo. El tiro no salió porque el arma estaba descargada. "Yo estaba furioso. Fue algo afortunado para ambos", dijo. En el otro caso también intentó sacar el arma al delincuente. Sin embargo, el asaltante escapó sin llevarse el dinero. Después que robaran en tres oportunidades a una panadería de la zona, la dueña de un comercio de venta de ropas decidió trabajar tras las rejas y con un perro. "Tenemos miedo. La inseguridad ha empeorado en el último año y medio. Los peligrosos son aquellos gurises que andan con camisetas, gorras y championes de marcas. Esos son los que te roban", insistió la comerciante. Varios empresarios y vecinos de la esquina de Hipólito Yrigoyen solicitaron no ser identificados por miedo a represalias. "Los delincuentes son de acá. Convivimos con ellos todos los días", explicó el dueño de un restaurante a El País. Una vecina, que vive en INVE 16 a 50 metros del asentamiento, dijo que, en la noche del domingo 25 cuando ocurrió el saqueo al supermercado, "la calle quedó llena de marginales, de cordón a cordón. Yo llamé a la Policía y dijeron que había en curso un operativo pero nadie vino. Nos dejaron abandonados; no podíamos salir ni entrar a los apartamentos". Agregó que en el barrio hay mucha gente trabajadora: maestros, enfermeros, militares. "No podemos hablar porque tiran una bomba Molotov a nuestro apartamento. Ya lo han hecho en dos ocasiones", dijo. Hostiles. Vivir en Malvín Norte lleva a muchos hombres y mujeres —sobre todo ancianas— a manejar estrategias de supervivencia impensables en otras zonas de Montevideo. Los hábitos son: no ir al supermercado, no andar de noche, no salir con celular, no llevar cartera, no andar sola en la calle y estar atentos a los "pibes bien vestidos". La lista también incluye conductas como no ver, no oír, no hablar. La joven Marcela Villazán, quien trabaja en un residencial de ancianos, dijo que "el barrio está peor que nunca. Vivo a dos cuadras del asentamiento. Se escuchan gritos y tiros. Salís a la calle y te matan como si nada". Marcela dijo que camina atenta en el barrio y agregó que a ella no le ha pasado nada porque los marginales la conocen. Ese conocimiento no le sirvió de nada a la enfermera Cristina S., quien volvía de trabajar cuando fue rapiñada por tres jóvenes. "Solo tengo para el boleto", les respondió Cristina. El rapiñero le pidió el dinero. Cuando Cristina se lo entregó, le vio el anillo. "Dámelo", exigió el delincuente. Cuando se iban, uno de los jóvenes la saludó: "Chau, vecina". Mabel S. también conoce a los delincuentes, ya que hace décadas que reside a corta distancia de Iguá e Hipólito Yrigoyen. "Yo vivo encerrada", dijo. Tiempo atrás, Mabel se alejó de su casa cinco metros a saludar a un vecino. Cuando regresó encontró a un hombre en su dormitorio. Arriba de la cama había un hierro que Mabel había dejado en la azotea tiempo atrás. "¿Que hace ese hierro acá?", preguntó Mabel al desconocido. El individuo corrió hacia la puerta. Mabel lo persiguió. El sujeto tiraba la puerta de un lado y Mabel del otro. No quería que Mabel saliera a la calle. La mujer, que vivía sola, tuvo una inspiración y gritó el primer nombre que le vino a la mente: "¡Daniel, Daniel. Ayudame!". El desconocido huyó. Mabel cree que el individuo había estado vigilándola desde la azotea y tomó el hierro para golpearla. Fabián P., un vendedor ambulante, consideró que el barrio "lo hace uno. Malvín Norte es tranquilo; a veces de noche se complica". Agregó que jamás padeció un robo. "Yo no tengo problemas. No veo, no hablo, no miro. Hay que ser así en todos los barrios", aconsejó. Desde el mostrador de su comercio, María F. mira el barrio como si mirara el mundo. Ha visto pasar a los delincuentes con todo tipo de objetos: un cartel de "Ceda el Paso", ollas, ruedas de auto. Una madrugada de hace cuatro años, un ladrón se robó una cortina de enrollar y la arrastró por la calle. "Se despertó medio barrio por el ruido. No sé dónde venden las cosas robadas", dijo María. A Mabel le enfurecen las personas que compran objetos que saben que son robados. "Eso es tan malo como robar. Vecinos me comentaron que andaban ofreciendo por acá los acolchados que robaron del supermercado", expresó. Mudanza. A muchos vecinos de Malvín Norte se les pasó por la cabeza cambiar de barrio por la inseguridad. Sin embargo, la caída de los precios de los apartamentos y casas de la zona los ha desestimulado. "¿A quién vendo mi apartamento? No me van a dar más de US$ 30.000. No puedo ir a ningún lado", dijo a El País el vecino Carlos López. La vecina que vive en INVE 16 coincidió con López. "Pensé en vender. Pero no compro nada en otro lado. Si saco el 5 de Oro, lo regalo", dijo. Mabel S. afirmó que pensó en mudarse muchas veces. Ahora cree que es imposible vender su casita. "No podemos irnos. Salió la foto de la esquina en el diario. Nadie quiere comprar acá", señaló. Lidia López, propietaria de la Inmobiliaria Ideal, tiene otra opinión. "Hay muchos apartamentos y casas para la venta en Malvín Norte. Si están al día con la IMM y el BHU y en buenas condiciones, se venden", dijo. López reconoció que hay barrios más caros que Malvín Norte y destacó que hay un público que busca casas en el rango de precios de ese barrio. "Hay personas que no disponen de mucho dinero y deben comprar acá", expresó López, quien señaló que trabaja sin miedo y sale de noche por el barrio si lo necesita. Vecinos acusan a 15 jóvenes por las rapiñas. La calle 124 une Iguá con el asentamiento ubicado detrás del complejo de viviendas INVE 16. En el complejo viven personas trabajadoras que deben soportar el asedio de los marginales, según señalaron vecinos consultados por El País. Los tiroteos y enfrentamientos en el asentamiento "son cosas de todos los días", según los residentes de la zona. Comerciantes y vecinos culparon a unos 15 jóvenes del asentamiento como los promotores de las rapiñas y robos en Malvín Norte. "Nadie les baja el copete a esos jóvenes", dijo Carlos López. Supermercado En la noche del miércoles 25 ocurrieron los saqueos al supermercado situado sobre la calle Iguá y Calle 30. A partir de ese momento, la Policía dispuso una custodia las 24 horas en el local comercial como una acción preventiva. Los delincuentes que robaron el supermercado provienen de un asentamiento ubicado detrás del complejo INVE 16. Tres de los sujetos que participaron en los robos ya fueron remitidos a la cárcel. Un rato antes de los saqueos, residentes del asentamiento quemaron un rancho de un sujeto que abusaba de un niño de seis años. Este individuo también fue procesado. El viernes 28, se incrementó la seguridad en el supermercado saqueado. Fuente: El País

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