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miércoles, 11 de junio de 2014

PUMAS: ESTAN NUEVAMENTE EN EL TERRITORIO DE URUGUAY

La manera en que estos grandes felinos americanos matan, muy diferente a la de los jabalíes y perros salvajes, es la evidencia principal de que los pumas están volviendo a poblar Uruguay. La especie (puma concolor, de la familia Felidae) se consideró extinta por varios años hasta 1970, cuando comenzaron a reportarse avistamientos en el campo uruguayo.


Desde entonces, los relatos de diferentes personas, sumado a restos de animales muertos e incluso huellas de este gran carnívoro, son las únicas pruebas que los expertos manejan respecto a su regreso al país. Se ha documentado su presencia en Artigas, Río Negro, Tacuarembó, Cerro Largo, Rivera, Paysandú e incluso Lavalleja, donde un puma rondó un par de meses las inmediaciones de una escuela.

Los expertos coinciden en que los reportes han aumentado en los últimos 10 o 20 años, pero no están seguros acerca de las causas. Es que, o bien pueden existir más pumas en Uruguay, o bien puede haber más observadores que informen sobre su presencia. O ambas cosas. No importa cuál sea el caso, los investigadores coinciden en que este gran mamífero está aquí. El problema es que no cuentan siquiera con una fotografía para su registro, mucho menos saben cuántos hay o cuál es su situación actual. En otras palabras, no existen instrucciones de qué hacer ahora y cómo conservarlos.
En busca del felino

En las últimas semanas, un productor en Subida de Pena, en el departamento de Rivera, se contactó con el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) para reportar que un puma le estaba comiendo ejemplares de ganado. Mandó fotos del resto de ovejas que el animal había matado y despedazado. Los expertos en mamíferos del MNHN coincidieron, a partir de las imágenes, en que se trataba de un puma.

En Uruguay, hay una ley que prohíbe su caza y la especie se considera amenazada. Además, es prioritaria para la conservación y para ser incluida en la lista del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). El productor que reportó la presencia de este “bicho” en su propiedad sabe todo esto y por eso recurrió a las autoridades. No quiere matarlo, pero tampoco quiere seguir encerrando a sus 200 ovejas cada noche para que no terminen en las fauces del felino fugitivo.

Hoy, técnicos del Departamento de Fauna de la Dirección General de Recursos Naturales (Renare), del Ministerio de Ganadería, partirán rumbo a Rivera en busca del animal. Según contó a Cromo el jefe del departamento, Jorge Cravino, el plan es instalar en el lugar tres de sus trampas de fotografía (el ministerio no cuenta con ninguna), las cuales tiene sensores infrarrojos que se activan cuando un objeto se mueve delante. Grabaciones de pumas hembra en celos obtenidas de un zoológico y un cebo que proporcionará el productor, se usarán para atraer al animal hacia las cámaras. Así, sipasa por el lugar donde se encuentra la trampa, esta le sacará la tan ansiada foto.

“Sería interesante atrapar un puma, ponerle un collar (con GPS) y seguirlo, pero antes que nada lo importante sería tener fotografías de pumas uruguayos”, dijo Cravino, quien explicó que, además, sería muy difícil capturar un ejemplar debido a su escasez. El jefe de Fauna, que lleva tres décadas en el área, ha visto huellas de pumas e incluso se encontró con uno en 1986. Sin embargo, no conoce ninguna foto de pumas nacionales: “La gente que lo vio tiene el testimonio solo por sus retinas”, dijo.

Los técnicos de Renare estarán en la zona tres días y volverán a Montevideo, confiando en que las trampas fotográficas hagan el resto. Por algo se dice que esta herramienta “permite encontrar a los animales en donde los animales no están”, dijo Cravino. Es que “si uno se para 24 horas en un lugar, no va a pasar nada”, agregó. Sobre todo si se tiene en cuenta que este animal de porte esbelto y atlético, que puede superar los dos metros de largo, no se acerca a los seres humanos.
Los porqués de su regreso

El puma es el mamífero terrestre americano de distribución más amplia, algo que explica en parte que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo considere de “preocupación menor”. Hay pumas desde Alaska hasta Tierra del Fuego, en Argentina. Para el encargado de la sección de Mamíferos del MNHN, Enrique González, quien recibió primero la llamada del productor de Rivera, la lógica de que los pumas “están bajando” desde Brasil no es del todo correcta, ya que los animales “no reconocen fronteras”. Cravino coincidió y dijo que Cuchilla Negra, que divide Brasil y Uruguay, es un corredor natural sin límites físicos.

De hecho, este animal solitario y nocturno se desplaza mucho en el territorio. Llega a recorrer de 20 a 30 kilómetros por noche y los machos juveniles terminan alejándose cerca de 400 kilómetros de donde nacen para evitar la endocría (cruce de ejemplares emparentados), explicó González. Por eso puede ser que los pumas que viven en Uruguay, al ser un territorio tan chico, no conformen una población estable.

Para Cravino, estos animales están asentados en el país, sobre todo en las zonas de quebradas, al noreste. Es que a pesar de ser solitarios y desplazarse, tienen su territorio, donde se quedan en la medida en que hay alimento. “Todos los animales tienen su territorio”, reafirmó el jefe de Fauna.

También puede estar pasando lo que se conoce como teoría de metapoblaciones, especuló González. “La población total de pumas se divide en subpoblaciones, que pueden extinguirse en los lugares menos aptos”, explicó. Por eso puede haber una “extinción local”, como sucedió en Uruguay, pero luego los animales pueden recolonizar el territorio. Además, el puma es un animal con gran capacidad de adaptación, lo que explica que sobrevivan en un país donde los cultivos de soja y bosques de eucaliptos han reducido tanto su hábitat natural.

También permite entender cómo un puma vive desde hace meses en las colinas del Parque Griffith, en Estados Unidos, con el icónico cartel de “Hollywood” al lado. La mejor imagen que se tiene de este peculiar inquilino de una zona tan urbanizada la tomó un fotógrafo de National Geographic, gracias a una trampa fotográfica.
Conocer para cuidar

La caza furtiva es otra de las amenazas para el felino. Sin embargo, el desconocimiento también lo es. No saber impide proteger, porque no hay bases sobre las cuales crear políticas de conservación.

En Uruguay, las áreas protegidas no coinciden con las zonas en donde se encuentra el puma actualmente. De todas formas, González explicó que el SNAP no podría ser de mucha ayuda en este caso, ya que se desplazan tanto que se precisaría proteger un área muy extensa.

Los expertos consultados coincidieron en que en el ámbito académico uruguayo no existen incentivos para la investigación básica, por ejemplo, para estudiar cuántos pumas hay en Uruguay y dónde. A diferencia del tamanduá, por ejemplo, un oso hormiguero autóctono que ha sido muy poco estudiado por la ciencia, el puma es uno de los animales más investigados de todos. Lo que está faltando en el país es un relevamiento, un inventario.

“Uruguay es un país que tiene intereses agrícolas y ganaderos por todos lados, y los gobernantes y políticos no tienen tradición en estos temas”, opinó Cravino. “No hay un inventario nacional de fauna y no lo va a haber en tanto a algún político se le ocurra que Uruguay Natural también es el Uruguay de la fauna silvestre”, agregó.
¿Libres o en zoológicos?

Para González, debería discutirse dos medidas posibles a partir de ahora: llevar a los pumas a zoológicos o reservas, o resarcir a los productores que se vean afectados cuando uno de estos animales les mata ganado.

Juan Villalba, director del bioparque M’Bopicuá en Fray Bentos, lleva 42 años como consultor internacional en conservación de la naturaleza y zoológicos. Entre otros organismos, trabajó 15 años para el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) e integró la Unión Iberoamericana de Zoológicos, hoy desaparecida. Sin embargo, Villalba no está de acuerdo con encerrar a los pumas uruguayos. “Creo que si sobreviven, hay que darles la oportunidad de vivir en libertad”, dijo.

No es igual el caso del jaguar, ya extinto en Uruguay, el cual es un depredador mucho mayor y peligroso para los humanos. El puma no representa una amenaza para las personas y todavía hay suficientes presas en estado salvaje como para que este se alimente (como ciervos axis, carpinchos, nutrias, aves), y no tenga que recurrir al ganado, explicó Villalba. Además, no cree en el sistema de resarcimiento a los productores, algo que a su entender sería muy difícil de controlar y pronto se “desvirtuaría”.

En M’Bopicuá hay un puma. Se llama Zar, tiene nueve años y está castrado y sin garras. Lo donó una familia que lo tenía como mascota y, como no es apto para vivir con sus pares, ningún zoológico lo quiso. Ya no sobreviviría en campo abierto pero, de ser el caso, Villalba lo liberaría. Después de todo, ese es uno de los objetivos del bioparque: criar animales hasta que estén aptos para volver a su hábitat.

Pero si el SNAP no es efectivo y pagarle a los productores tampoco, ¿qué alternativas quedan? Para Villalba, habría que “apostar a la sensibilización” en los lugares concretos en donde pueda haber pumas. Así tal vez se evitaría que la gente los cace, como sucedió en 1996 en Río Negro y años después en Cerro Largo. Incluso se podría comenzar a explorar el ecoturismo relacionado con este animal, que por ahora es tan difícil de ver. Sin ir más lejos, en Corrientes, Argentina, se está trabajando en un plan para reintroducir al jaguar.

Según Villalba, en sus 61 años de vida ha viajado mucho pero puede contar con los dedos de una mano las veces en que vio un puma. Cravino también tuvo la oportunidad de cruzarse en el camino de este felino hace ya casi 30 años. Carlos Prigioni, director de Medio Ambiente de la Intendencia de Treinta y Tres, asegura ser una de las pocas personas, sino la única, que en Uruguay estuvo diez minutos frente a un puma, en Durazno. De eso pasaron ya tres décadas. Ahora, falta investigación básica y quien la financie. Tal vez solo así, dentro de tres décadas o más, serán habituales las anécdotas como estas.

En Uruguay hay gatos monteses, de pajonal, margay y solía haber ocelotes. También había jaguares, los cuales se extinguieron, y pumas, que desaparecieron y regresaron. El puma (puma concolor), de complexión esbelta, es de color amarillento o bayo, sin manchas. Puede presentar negro en el dorso de las orejas y en la punta de la cola, mientras que tiene blanco debajo del rinario (alrededor de la boca, digamos) y en el mentón. Habita en bosques, sabanas arboladas y campo abierto, desde el norte hasta el sur de América. Se alimenta de mamíferos de mediano y gran porte, aunque también consume otros más pequeños, como aves y reptiles. Es un animal solitario y nocturno.

Fuente: Cromo

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