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martes, 19 de abril de 2011

LA OPINION DEL SENADOR ALBERTO COURIEL: LA REALIDAD INTERNACIONAL Y LA IDEOLOGIA ECONOMICA IMPERANTE

Los días 7 y 8 de abril 2011 participé de un seminario, en Buenos Aires, denominado "La crisis y los nuevos escenarios globales. Unasur. De la integración política a la integración económica y financiera, desafíos y perspectivas". De dicha reunión surgen una serie de ideas, de información sobre la realidad internacional y de propuestas basadas en la unidad regional.


Estamos viviendo una etapa del capitalismo que podemos denominar de capitalismo financiero, especialmente a partir de mediados de los setenta.

Hay cierto predominio de las variables financieras, de sus instituciones que pesan en la ideología económica imperante.

En la segunda mitad de 2008 se generó en USA, con repercusiones mundiales, una profunda crisis financiera fruto de las desregulaciones financieras, pero esencialmente por la voracidad de las instituciones financieras privadas, especialmente los grandes bancos.

La crisis se generó en el sector privado y la responsabilidad deriva de las acciones especulativas de instituciones privadas.

En una primera etapa de la crisis, los gobiernos de USA y Europa iniciaron un proceso de rescates financieros a las instituciones bancarias privadas de montos extraordinariamente elevados.

Buscaban además mantener la demanda interna para atender los problemas del empleo. Una vez que los bancos privados fueron muy beneficiados empezaron ondas de responsabilizar a los gobiernos por la crisis e iniciar nuevos procesos de ajustes.

La actual crisis europea deriva de la crisis que tienen grandes bancos europeos que realizaron masivas colocaciones, que representan casi dos veces su capital, y tienen dificultades de cobro.

También el problema de la deuda en América Latina de los ochenta era que los bancos de USA habían realizado fuertes colocaciones en nuestra región.

Para los 10 mayores bancos privados de USA esas colocaciones representaban 2,8 veces su capital. Los brutales ajustes que se realizaron tenían como objetivo prioritario salvar a estas instituciones financieras privadas.

El FMI cumplía el papel de salvar a los acreedores financieros privados exigiendo a los países deudores una transferencia neta de recursos que llegó a alcanzar el 4% del PBI.

En la crisis europea actual vuelve a aparecer el FMI para salvar a los bancos privados europeos, exigiendo muy fuertes ajustes a los países deudores, especialmente ajustes fiscales, con consecuencias económico-sociales muy negativas. El FMI se revitaliza e impone sus condicionalidades.

Strauss Khan, su director gerente, realiza declaraciones aceptables. Inclusive ha declarado que el Consenso de Washington está muerto.

Pero el equipo y las decisiones del FMI se mantienen sin modificaciones. Siempre su prioridad fue atender los requerimientos de los acreedores financieros.

Luego se plantea la estabilización con recetas que no se adecuan a las causas específicas de la inflación de cada país. La actual crisis europea fue originada por los préstamos de los bancos privados, pero ahora se culpa a los gobiernos por dicha crisis.

Se realizan ajustes para atender los intereses de los grandes bancos privados con repercusiones muy negativas para las sociedades de los países que la sufren. Es la ideología imperante, con predominio del FMI, del actual capitalismo financiero.

El G20, con participación de Brasil, Argentina y México, parecía que podía atender los reclamos de los países emergentes. En la actualidad la agenda del G20 es la agenda del G7, de los países más poderosos.

Como se dijo en el seminario "el G20 se constituye en una máquina de imposiciones a países en desarrollo que el FMI quiso y no pudo imponer".

El estatuto del FMI permiten a los países el control del movimiento de capitales, pero normalmente exige la liberalización de los mismos.

Surgen noticias en la prensa de que el FMI moderaría dicha actitud, cuando sus estatutos no exigen dicha liberalización. Las bajas tasas de interés en los países desarrollados han generado un fuerte movimiento de capitales hacia los países emergentes.

Los países de la región reciben fuertes flujos de capitales financieros especulativos que originan fuertes apreciaciones de las monedas nacionales y aumentos de precios de algunos activos como los inmuebles.

En Brasil se fijan impuestos a la entrada de capitales, inclusive a préstamos de plazos inferiores a 2 años y medidas de encaje con el objetivo de limitar la entrada de capitales. Pero, por otro lado, fijan una tasa de interés de referencia, la Selig, relativamente alta que influye para una mayor oferta de dólares.

En estos días la apreciación del real lo ubica en su mayor valor con respecto al dólar de los últimos años.

En el caso de Uruguay no hay ninguna restricción al libre movimiento de capitales desde 1974 donde se intentaba avanzar hacia una plaza financiera regional.

En estos días se aumentó la tasa de interés de referencia y, como era lógico y previsible, aumentó la entrada de capitales, la oferta de dólares y la demanda por títulos en moneda nacional que originó una nueva caída del tipo de cambio nominal.

La ideología de los economistas ortodoxos los lleva a suponer que todo proceso inflacionario deriva de aumentos de la demanda interna, y por ello, restringen la cantidad de moneda y el crédito con una suba de la tasa de interés.

En Uruguay dicha suba no influye porque el 80% de los depósitos y colocaciones se realizan en dólares.

Pero esencialmente la inflación existente, nos mantenemos dentro de un dígito, no es de demanda sino que es importada por los mayores precios internacionales del petróleo y de commodities como alimentos que Uruguay exporta y consume.

Cuando se desagregan las cifras de inflación del primer trimestre del año se constata el aumento de precios de la carne y del azúcar fruto de los aumentos de sus precios internacionales.

También se constatan los aumentos de precios de los combustibles, de la energía, de la electricidad, del agua, derivados del aumento del precio internacional del petróleo.

Pero no encontramos ningún aumento significativo de algún rubro que sea consecuencia de un aumento de la demanda interna.

Pero la ideología económica predominante va a seguir explicando que la inflación deriva de aumentos de la demanda interna.

Con estas medidas, la moneda nacional se sigue apreciando lo que no afecta a los exportadores, a Brasil ni a los que tienen aumentos importantes en los precios internacionales de sus productos de exportación.

Pero primeriza las exportaciones, dificulta aumentar el valor agregado de las exportaciones y mejorar sus contenidos tecnológicos. Sin ninguna duda afectará la futura estructura productiva que debe atender a la competitividad y al empleo.

Fuente:La República

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