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viernes, 15 de abril de 2016

E. COTELO: ENTREVISTA A UNO DE LOS CANDIDATOS A LA PRESIDENCIA DEL FRENTE AMPLIO

Emiliano Cotelo entrevistó en el programa "En Perspectiva" que conduce de lunes a viernes en CX 12 radio Oriental, a uno de los candidatos a la presidencia del Frente Amplio en las elecciones internas a realizarse el día 29 de mayo próximo. El entrevistado fue Alejandro "Pacha" Sánchez diputado por el MPP y que fuera presidente anual de la Cámara de Diputados el año pasado.
EMILIANO COTELO (EC) —Unos 400.000 frenteamplistas están habilitados para votar el próximo 29 de mayo, cuando se elegirá a las autoridades de la coalición, incluyendo al nuevo presidente. Este miércoles, durante el acto de lanzamiento de la campaña en la plaza Líber Seregni, hablaron los cuatro candidatos que fueron habilitados por el Plenario Nacional. En sus discursos, Alejandro Sánchez, Javier Miranda, José Bayardi y Roberto Conde apelaron a la unidad de la izquierda.
El 16 de marzo entrevistamos en En Perspectiva a Javier Miranda, que marcó algunos de los desafíos que, desde su punto de vista, enfrenta la fuerza política del oficialismo. Para seguir conociendo a los candidatos y sus propuestas, recibimos hoy al diputado del Movimiento de Participación Popular (MPP) Alejandro Sánchez.
Usted es el más joven de los cuatro, tiene 35 años…
ALEJANDRO SÁNCHEZ (AS) —Así lo quiso la biología.
EC —… y es el único que ocupa un cargo electivo hoy.
AS —Electivo sí; después está Miranda, que tiene un cargo de designación.
EC —Usted es diputado desde el período de gobierno anterior. Y en el primer año de este período fue presidente de la Cámara de Representantes. ¿Por qué se postula ahora al cargo de presidente del Frente Amplio (FA)? ¿Es una resolución suya o de su sector, el MPP? En una primera definición rápida, ¿para qué quiere ser presidente del FA? ¿Es una resolución suya o es de su sector, el MPP?
AS —Esto comenzó a partir de algunos intercambios que veníamos teniendo varios frenteamplistas. Porque no comenzó en mi sector, comenzó en conversaciones más transversales con otros compañeros que incluso tienen otros ámbitos de militancia, y surgió a partir del vínculo que fuimos construyendo en lo que fue el año pasado el proyecto Más Democracia, que llevamos adelante desde la presidencia [de la Cámara], con el que buscamos vincularnos con los movimientos sociales, con la sociedad civil organizada. A partir de allí empezó una reflexión en el sentido de que varios compañeros entendían que el FA necesitaba una oxigenación que le permitiera volver a ser la fuerza política en la que el movimiento social hiciera síntesis política y programa político en términos de pensar los desafíos del Uruguay.
En esas conversaciones algunos pensaron que yo podía cumplir esa función de llevar adelante esas transformaciones y esa modernización que se tienen que llevar adelante en el FA en este tiempo. 
Eso luego se expresó en una carta pública, que fue firmada por unos 70 frenteamplistas de diversas orientaciones, incluso de diversas pertenencias sectoriales. Eso fue lo que terminó desencadenando que decidiéramos asumir esto de salir de la zona de confort y asumir claramente que la política…
EC —Salir de la zona de confort… ¿Cuál es la zona de confort en este caso? Es una expresión que ha quedado muy instalada últimamente en el terreno político.
AS —Sí; si yo salía de la presidencia de la Cámara y me quedaba en el Parlamento de la República, en un lugar que conozco, en un lugar en el que llevo bastante tiempo trabajando, y después de la experiencia que me dio la presidencia de la Cámara, sería un lugar de mucha comodidad para seguir haciendo política y seguir aportando al FA. En cambio ir a un lugar donde está todo por hacer y donde hay un enorme desafío es de alguna manera asumir el compromiso de una nueva responsabilidad y de llevarla adelante colectivamente además.
EC —En una primera definición rápida, cuando a usted le preguntan por la calle, ¿qué contesta?, ¿para qué quiere ser presidente del FA?
AS —Quiero ser presidente del FA para que los frenteamplistas recuperen el FA y para que la política vuelva al FA. Porque creo que a veces tenemos una lógica de razonamiento en la que pensamos que la política está en otro lado: está en el Parlamento, está en el Poder Ejecutivo, está en los ministerios, pero no está dentro de la fuerza política, que es donde debería estar. Me parece que las grandes discusiones sustantivas de hacia dónde vamos, los elementos que puedan articular las demandas de una sociedad, esas cosas no están presentes. Si hoy hubiera un cargo de ministro o de parlamentario a disposición del FA, seguramente habría mucho más candidatos y candidatas a ese lugar, porque sentimos que el lugar importante no es la fuerza política sino que son los cargos institucionales. Creo que eso demuestra parte de una crisis de nuestro partido, en el sentido de que las cosas sustantivas tienen que estar en esa fuerza política.
EC —¿Hay también algo de que el FA se ha burocratizado, se ha acostumbrado demasiado a ser gobierno, y la cabeza de muchos de ustedes está en eso, en qué cargo ocupo, cómo están las correlaciones de fuerza dentro del gabinete, ese tipo de cosas?
AS —Eso puede estar sucediendo, forma parte de algo a lo que nos debemos resistir, que es la tentación del poder por el poder mismo, de estar solo por estar. El FA surgió como una fuerza política que puso arriba de la mesa la batalla por las injusticias en nuestra sociedad, todas, y por los descartados de una sociedad y levantó esa bandera con mucha fuerza. Creo que tenemos que seguir levantando esa bandera cada vez más alto. Y esa pelea en contra de las injusticias, a favor y solidarizándose con todos los descartados de una sociedad no se da solo desde los ámbitos institucionales, se tiene que dar una batalla que es cultural, que es en la sociedad, que es en el seno de esa sociedad, y eso es que la política vuelva, que tenga sentido en términos de proyecto.
EC —Usted tiene 35 años, eso implica que nació en 1981…
AS —En 1980, porque el 24 de abril cumplo mis 36 años.
EC —Nació en 1980, cuando el FA ya tenía menos de 10 años. ¿Cómo juega ese factor generacional? ¿De qué manera se diferencia por haber nacido en ese contexto, por ser el más joven de los cuatro candidatos?
AS —La juventud por supuesto es un elemento que nos diferencia del resto, que tiene que ver con ser parte de una nueva generación. Cuando yo nací el FA ya existía y cuando empecé a militar el FA ya existía. Y cuando yo empecé a militar en el FA, en la década del 90, el FA no era el partido político de nuestros padres, era la esperanza de que el Uruguay pudiera cambiar, porque no nos gustaba el Uruguay. Creo que tenemos el enorme desafío hoy de proyectar el FA del futuro para que las nuevas generaciones no sientan que es el partido político de sus padres y de sus abuelos, sino que es el lugar donde pueden condensar su esperanza de que el Uruguay puede cambiar, porque todavía hay muchos problemas en el Uruguay, porque todavía hay muchas dificultades y porque la gente quiere expresar esa necesidad de cambio.
Esa es una de las funciones, una nueva generación que tiene que hacerse cargo, que decide dar un paso al frente. Pero eso no es sustituyendo a otras generaciones, esto no es una carrera de sustitución, es una carrera de empoderamiento de una nueva lógica. Y creo que esa nueva lógica también retoma algo que es la esencia del FA, porque para mi generación, para muchos jóvenes que están haciendo política, primero somos frenteamplistas, porque nacimos dentro del FA, y después elegimos un sector para militar. Entonces me parece que esa es una esencia que es importante en términos generacionales.
EC —Si usted accediera a la presidencia eso implicaría un cambio fuerte en comparación con la historia del FA, porque más allá del relevo generacional, el FA nunca tuvo un líder o un presidente en los 30.
AS —No; y nunca había tenido una mujer de presidenta y tuvo a Mónica Xavier y creo que le hizo muy bien.
EC —Usted ha estado siempre vinculado al MPP, un sector político que tiene un peso importante en los órganos de dirección del FA y en el Parlamento, es el más fuerte en la bancada del FA. ¿Eso no es una desventaja frente a otros candidatos que no pertenecen a sectores, como Javier Miranda o Roberto Conde?
AS —Si uno interpreta las formas actuales de hacer política en el FA podría pensarse que es una desventaja. Digo las formas actuales porque, justamente, lo que a mí me convenció de ser candidato a presidente fue que había una plataforma que expresaba una diversidad y una transversalidad mucho mayores que las de un sector político. Si mi sector político me hubiera propuesto y la lógica hubiera sido diferente, la de “queremos una presidencia del MPP”, yo no habría aceptado. Acepté porque en la plataforma había gente de todos los sectores.
EC —Eso es importante, es interesante, pero igual.
AS —No, porque creo que uno de los problemas que tiene el FA es la lógica de los sectores. Y los sectores grandes además son parte de ese problema, porque la unidad del FA tiene que expresar su diversidad, no la imposición de una de las opiniones mayoritarias.
EC —A eso iba. Pese a que usted surge como nombre a partir de una confluencia de gente que viene de distintos espacios del Frente, lo cierto es que tiene el sello, usted es MPP. Entonces, cuando se han dado, como se han dado últimamente, cruces, polémicas públicas, incluso entre José Mujica y Danilo Astori personalmente, con cartas, declaraciones, ¿es saludable para el FA que la presidencia la asuma alguien cercano a una de esas fuerzas que son las que hoy predominan?
AS —En la carta empezamos titulando con una cuestión de Manuel Zelaya que dice: “No reniego de mi origen, pero digo que seremos muchos más que lo sabido, los factores de un comienzo”. Y justamente de eso se trata, de zafar de las etiquetas sectoriales. El problema no es a qué pertenece uno, sino lo que uno pretende hacer en el colectivo. Si el objetivo fuera “emepepizar” el FA, sería un verdadero problema para el FA y para el MPP, que esa es la otra discusión. Los sectores grandes tienen que entender que la diversidad del FA es su verdadera fortaleza y la unidad tiene que ser entendida como la inclusión de las diferentes sensibilidades, no como la imposición mayoritaria de una. Entonces el problema no es adónde uno pertenece, sino la actitud política que en definitiva pretende imprimirle al FA.
Cuando estábamos discutiendo sobre esto alguien me preguntó: “¿Estás dispuesto a pelearte con los tuyos, si es necesario?”. Porque pelearte con los ajenos es fácil, el problema es si estás dispuesto a pelearte con los tuyos, en este proceso de construir un FA mucho más diverso y mucho más abierto y mucho más fraterno en el sentido de la construcción de las ideas y de que vayamos a debatir tratando de convencer al otro y dejarnos convencer y que la síntesis no sea un recorte y pegue de las posiciones sectoriales, sino una síntesis superadora de nuestras posiciones iniciales. Eso implica muchas veces pelearse con los suyos, porque cuando uno asume la presidencia del FA tiene que representar a los frenteamplistas.
Ser dirección, en este caso ser presidente, es tratar de ser síntesis del pensamiento colectivo. Eso no se logra si lo que uno hace allí es llevar adelante las posiciones de una porción de los frenteamplistas, por muy grande que sea, porque en definitiva los sectores, hasta los más grandes, tienen claro que no podemos seguir avanzando si no avanzamos en conjunto. Creo que esa es la segunda o la tercera fortaleza del FA, la voluntad de acuerdo y darnos cuenta de que para seguir construyendo más cambios es necesario que todos estemos en el mismo barco.
***
EC —Alejandro Sánchez tiene 35 años, vive en pareja y tiene dos hijas.
AS —Dos hijas, Maite y Ema.
EC —¿Qué hacía antes de dedicarse a la política?
AS —Me siento militante desde los 14 años, o sea que me dedico desde hace bastante a la política.
EC —Corrijo la pregunta: ¿qué hacía antes de ocupar cargos de gobierno, por ejemplo una banca de diputado?
AS —Antes de ser diputado fui secretario general de la Junta Departamental de Montevideo, pero originalmente soy feriante, vengo de una familia feriante, y después estuve trabajando en la Asociación Cristiana de Jóvenes y en otras instituciones, más vinculado al área social porque era estudiante –y sigo siendo estudiante, porque no me recibí– de Sociología.
EC —Milita en el MPP desde el año 1996.
***
EC —El acto del miércoles en la plaza Líber Seregni estuvo muy lejos de la concentración del 26 de marzo de 1971 en la explanada de la Intendencia, la que se estaba conmemorando.
AS —Y a 45 años, más o menos, de distancia.
EC —Estuvo a 45 años y a una enorme cantidad de gente en cuanto a la convocatoria. Hubo poca gente. La participación fue baja incluso si se la compara con convocatorias recientes del FA de la última campaña electoral nacional, la del 2014. ¿Qué lectura hace de ese dato?
AS —Hubo unas 3.000 personas en la plaza Líber Seregni…
EC —¿Qué le parece? ¡Tres mil personas! El FA estaba acostumbrado a hablar de 200.000, 100.000, 50.000…
AS —Puede ser. Pero yo me pongo en otra fotografía; quizás no 45 años atrás o en otros actos que realizó el FA en plenas campañas electorales, sino en el lanzamiento de la campaña que realizamos en el 2012, cuando teníamos otros cuatro compañeros que estaban compitiendo. Lo hicimos en la explanada de la Intendencia y había muchos menos, era un día bastante gris y terminó dentro del local del FA, incluso por las inclemencias del tiempo.
Yo encontré un acto en el que había mucha más alegría de lo que uno presumiblemente podía esperar, creo que el clima del acto fue muy bueno y es eso lo que uno tiene que mirar. Uno no puede pedirle a un músculo que corra 100 metros de una, y el FA viene de un proceso en el que, salvo en campañas electorales, no ha habido movilización política, entonces me parece que esto ha sido un gran comienzo. Creo que es un buen comienzo por el clima, por la actitud de los compañeros y compañeras y por las ganas que se tenían de iniciar esta movilización.
EC —Sí, pero ni siquiera la historia, ni siquiera la tradición, el hecho de estar celebrando 45 años del primer acto del FA generó movilización. ¿Qué pasa? ¿Por qué el FA entusiasma poco a su propia gente?
AS —Evidentemente, el hecho de no ser una actitud permanente la movilización, la participación de los compañeros, tanto sea presencial como también en términos reales digital, de manera digital, en la que creo que el FA debería avanzar mucho más… También hay cierto enojo de algunos frenteamplistas que sienten que no logran colar sus opiniones dentro del FA, que muchas veces sienten que el FA toma decisiones desde un lugar de soberbia y eso genera ciertos malestares. Quizás no se sintieron convocados a este acto, pero siguen siendo frenteamplistas. Forma parte del objetivo de esta movilización abrir las puertas del FA para que entren todos, los que están enojados, los que están contentos, los que son críticos, los que son ultracríticos, los que están lejos de la estructura y los que están dentro de la estructura, los que estuvieron alguna vez y los que nunca vinieron al FA pero se sienten frenteamplistas. Ese tiene que ser el objetivo del Frente y para eso estamos iniciando esta movilización, porque reconocemos que tenemos una fuerza política que se ha acostumbrado a no movilizarse, a no generar espacios de participación cotidianamente para convocatorias amplias de los frenteamplistas, sino que muchas veces terminamos simplemente generando espacios donde estamos solo los que estamos dentro de la estructura y eso acota muchísimo las potencialidades que tiene el FA.
EC —En su discurso del miércoles usted llamó a construir un Frente “que escuche más y grite menos” y pidió “bajar la pelota al piso”. Ahí había también bastante autocrítica. Concretamente, ¿qué quiso decir?
AS —Quiero decir, ante todo, que es posible, necesario y urgente que los frenteamplistas nos generemos espacios para escucharnos un poquito más, porque creo que últimamente estamos tomando posiciones en nuestro núcleo individual, en nuestra casa, solos algunos o en nuestros sectores otros y no estamos escuchando lo que está opinando el otro sino que cada uno va empujando su verdad y cree que su verdad es la única posible.
EC —¿A puro tuit funciona la cosa?
AS —Claro…
EC —¿El impulso de Twitter, por ejemplo, está dentro de ese problema?
AS —Y sí, es casi la búsqueda del titular, y a veces son demasiado desafiantes y agresivos. Eso nos genera construir más muros en vez de abrir más puertas para entendernos.
EC —¿Eso tiene que ver también con la lógica de bloques o de polarización?
AS —Tiene que ver con esa lógica. Tiene que ver con la lógica sectorial, donde cada uno elabora en su sector y luego va a pelear por esa verdad que le parece la mejor. Con esto no estoy asignándoles mala intención a los compañeros, creo que la gente se convence entre convencidos que piensan todos más o menos igual y después van a pelear con eso y sienten que sacarle algo a esa definición es perder. Yo creo que en política, y en política de izquierda, tenemos que aprender que ir por todo generalmente genera quedarnos sin nada y que tenemos que perder todos un poquito para construir algo que es mucho mejor que lo que cada uno de nosotros por separado pensó.
EC —Pero el FA tiene organismos en los que confluyen los distintos grupos. ¿Ahí no se da ese intercambio, no se baja la pelota? ¿O usted propone en realidad otra cosa, que se encuentren con cierta frecuencia el Frente Líber Seregni (FLS) y el mujiquismo, que se junten y discutan de bloque a bloque y traten de superar las fronteras en vez de marcarlas? ¿Algo de eso? ¿De qué está hablando?
AS —No comparto mucho las etiquetas de mujiquismo versus FLS…
EC —Es una simplificación, pero…
AS —… porque creo que esa no es la síntesis del FA, la síntesis del FA es mucho más grande y mucho más diversa que esa; incluso creo que esa solución agravaría los problemas. Si alguien piensa en el FA que la solución del FA es que el FLS y el MPP se junten y a partir de allí construyan soluciones, está equivocado. Porque el FA es mucho más grande que el FLS y que el MPP y que el mujiquismo, para llamarlo de alguna manera y aceptando esa forma de designación. El FA es mucho más fuerte y mucho más intenso que cualquiera de esos dos grupos, más allá de los votos que tengan. Porque en definitiva cuando los frenteamplistas votan, votan a quien creen que interpreta mejor lo que ellos sienten que es el FA. Entonces esta lógica de atomización sectorial o de grandes bloques que confrontan termina destruyendo una de las cuestiones centrales del FA, que es que es mucho más que la sumatoria de las partes.
Estos son los problemas que tenemos, precisamos un espacio donde no preguntemos cuántos votos tiene una idea, porque las ideas que son buenas son buenas, independientemente de cuántos votos hayan tenido antes. Tenemos que poner en valor eso, la capacidad que tiene la izquierda de reinventarse y de tener imaginación política para poner ideas novedosas, renovadoras, que generen mejores soluciones a los problemas que tenemos, independientemente de si eso representa equis cantidad de votos antes. Estamos asignándole a cada idea votos, en esta lógica de pensar los sectores, y yo creo que hay que pensar más en el Frente y menos en los sectores, porque la solución es una salida frenteamplista, es convocar a muchos a que vengan a traer su aporte, su conocimiento, sus ganas, su fuerza, y para eso no hay que preguntarle a quién vota, hay que preguntarle nada más si tiene ganas de construir más FA.
EC —Quiero detenerme en un tema que está arriba de la mesa desde hace varias semanas y que creo que permite pasar luego a asuntos que justamente tienen que ver con esta elección interna, la declaración del Plenario Nacional del FA del 5 de marzo. En su punto 2 esa declaración dice: “Rechaza la campaña desplegada por la oposición y diferentes medios de comunicación destinada a menoscabar la imagen y credibilidad tanto de integrantes de nuestro gobierno como así también debilitar la institucionalidad democrática del país”.
Hace ya unos días, en una entrevista con Montevideo Portal, usted dijo que no compartía esa declaración, dijo “se nos fue la moto”. Fue quizás el primero que marcó una distancia. Varios dirigentes hicieron algo parecido, entre ellos Javier Miranda, otro de los candidatos a presidente del FA. Entonces, ¿a quién representó esa declaración?
AS —Me parece que la pregunta es otra. Esa fue la declaración de la dirección del FA.
EC —¿Y qué es la dirección del FA?
AS —Es lo que hablábamos recién, esa dirección y ese Plenario, que es lo que vamos a elegir ahora, vamos a elegir un nuevo Plenario, una nueva integración de ese Plenario, junto con un presidente, es decir, se elige con el voto de los frenteamplistas esa dirección. Ahora, uno no representa a los frenteamplistas una vez que lo votaron, porque los frenteamplistas pueden depositar confianza en una persona, en un grupo y en un conjunto de compañeros que conforman el Plenario, pero si después esos compañeros o ese presidente no se vinculan con los frenteamplistas, nunca van a poder ser la síntesis del pensamiento colectivo. Para representar a alguien no basta con que lo vote, el voto es un acto de confianza en lo que esa persona puede hacer, pero para representar a los compañeros después hay que estar en contacto con los compañeros y discutir con los compañeros. Entonces el Plenario es la dirección del FA actual.
Cuando uno en política, y en cualquier aspecto de la vida, emite un mensaje está pensando en el receptor. Si uno emite un mensaje sin pensar en el receptor, lo que termina pasando es que una persona o una organización política es autista, y no creo ni quiero que el FA sea autista, cuando uno emite un mensaje está pensando en la reacción que quiere generar en la sociedad, en ese receptor. Y cuando ese receptor luego te retrasmite que lo que acabás de hacer se va de las fronteras de lo razonable porque pone todo en la misma bolsa y además le asigna una cuestión muy fuerte que es atentar contra la democracia misma, uno tiene dos caminos, el camino de la soberbia, de pensar que como lo decidió, lo decidí yo y fue mi dirección, es eso y punto y el que me está contestando simplemente está en contra del FA porque quiere estar en contra del FA, o el camino de la razón y del sentido común: si mi receptor no está entendiendo lo que yo estoy queriendo decir es porque me equivoqué en algunos extremos de lo que quise decir.
Lo que quiso hacer el FA fue respaldar a su vicepresidente, porque había actores políticos que estaban pidiendo la renuncia del vicepresidente de la República, y marcar que existen algunos medios –algunos hasta lo han reconocido públicamente y es así– que hacen campaña en contra del gobierno del FA. Hay medios de comunicación que en sus editoriales se definieron contrarios al gobierno del FA y militantes en contra, y eso está muy bien.
EC —Eso ha pasado en todos los gobiernos, siempre ha habido medios definidos en contra de.
AS —No lo cuestiono; al contrario, una sociedad democrática precisa de esos medios y de otros, precisa de todas las voces. Creo que la solución a esto no es acallar ninguna voz, sino que se escuchen todas. Lo que tenemos que hacer es garantizar que todas las voces tengan la misma potencia para ser escuchadas para que después los ciudadanos decidan qué es lo que les parece que está bien o que está mal, porque no existe la objetividad en los hechos, menos en la política y en la interpretación. El problema es que muchas veces se visten algunas noticias malintencionadamente o se presentan algunos recortes de la realidad como si fueran la verdad.
Evidentemente algunos extremos de la declaración fueron equivocados, porque así fueron interpretados por el conjunto de la sociedad, porque pusimos todo en la misma bolsa y no todo puede estar en la misma bolsa. Además me parece que es extralimitado plantearse que eso atenta contra las instituciones democráticas, porque eso es un juicio bastante pesado y la democracia es un problema muy fuerte y pesado como para tratarlo de esa manera.
EC —De todas maneras, me parecía importante este ejemplo para preguntarle por otros detalles.
AS —Pero lo mío es autocrítica, porque yo soy parte de ese Plenario. Lo mío parte no de un lugar de ajenidad…
EC —¿Usted votó esa declaración?
AS —Sí, sí, yo voté esa declaración, como votaron todos los que estaban en el Plenario, menos algunos compañeros.
EC —La pregunta podría ser entonces si este no es un ejemplo de falta de representatividad de los órganos de conducción del FA, si la declaración sale y enseguida aparecen todos los matices, las diferencias, las discrepancias… O, visto más en general, ¿el FA puede seguir funcionando con la estructura orgánica que hoy tiene, más allá de que se elija a nuevos integrantes? ¿La estructura no es un problema?
AS —Creo que las estructuras son un problema. Esa es una solución de carácter administrativo a los problemas que tiene el FA hoy. A veces cuando hay problemas en un partido político se crea una comisión que busca ordenar la forma de funcionamiento y de la estructura pensando que eso resuelve los problemas políticos. Pero los problemas políticos van más allá de las formas que tenemos de funcionar, aunque también haya que cambiarlas. Como decía, el FA se tiene que modernizar y debería tener, por ejemplo, elementos de consulta digital.
EC —Hace años que se habla de eso y no se concreta.
AS —Sí, se habla, se habla; hay que salir del diagnóstico y concretarlo. Estoy hablando no solo de comités virtuales, estoy hablando de consulta digital, de que haya diferentes comisiones o documentos sobre un tema y que los frenteamplistas puedan de manera digital decir sobre eso y aportar elementos a ese material para que después terminemos resolviendo. Eso hace a la modernización del FA.
Pero creo que el problema va más allá, va justamente en cómo logramos que el FA siga siendo un sujeto de transformaciones y que dialogue con la sociedad. Y dialogar con la sociedad implica que esa fuerza política escuche más a la sociedad, que los mensajes que emite tengan más que ver con los problemas que tiene la sociedad y con las formas de comunicación que tiene la sociedad actual, y eso implica un lenguaje y un mensaje diferentes.
Sería muy fácil decir que el Plenario no representa al millón de frenteamplistas, pero eso es salir por una solución de carácter burocrático que creo que no resuelve ningún problema, simplemente es una especie de barrer abajo de la alfombra y encontrar algún culpable. Mi abuela decía algo que es muy importante y que uso como referencia en política principalmente: la culpa nunca cae al suelo, tiene que caer en el lomo de alguien. Creo que es momento de que nos dejemos de buscar quién es el culpable, demos todos un paso al frente y nos hagamos cargo de que todos somos responsables. Pero hagamos algo para cambiarlo.
EC —Una de las funciones del presidente del FA es la de ser interlocutor entre la fuerza política y el gobierno. ¿Qué piensa usted? ¿Cómo debe ser la relación FA-gobierno del FA?
AS —Creo que tiene que ser muy buena, y hay que incluir un tercer actor, que son las fuerzas sociales, el movimiento social. El FA tiene que ser el articulador entre las demandas de la sociedad y el gobierno nacional. Pero no puede agotarse en ser la polea de trasmisión de lo que hace y decide el gobierno nacional, porque una fuerza política que pretende transformar la realidad tiene que seguir siendo una fuerza política en la que resida el cambio. Y para eso no puede contentarse con trasmitir lo que se defina en el gobierno, las políticas públicas que hace el gobierno, tiene que ser más allá. Es la fuerza política de gobierno, sí, señor, y tiene que trasmitir los logros del gobierno y trasmitir y contextualizar los errores que podamos cometer en el gobierno, y los problemas que surgen y contextualizar esos problemas para encontrarles solución.
Pero tiene que hacer mucho más que eso, tiene que articular las demandas de una sociedad en un programa político para de alguna manera darles sentido y dirección a las movilizaciones que tenemos que dar como sociedad para resolver gran parte de los problemas que tenemos. Algunos los podrá resolver el gobierno, otros serán esfuerzos a más largo plazo que es necesario consolidar en el seno de la sociedad. Y esa es la función del FA. Por supuesto que no es la de ser la auditoría del gobierno, como muchas veces pretendemos o hemos tratado de ser, tratar de ver qué es lo que hace un ministro y poner a la fuerza política a discutir la gestión de lo que se está llevando adelante en los ministerios.
EC —Javier Miranda decía, en la entrevista que hicimos aquí en En Perspectiva, que para él fue un error que Tabaré Vázquez hubiera resuelto sacar a Uruguay de las conversaciones por el TISA porque el FA estaba en contra, que Vázquez tiene que resolver por sí mismo en esa cuestión, que el presidente tiene que resolver por sí mismo y no conducido por la fuerza política. ¿Qué dice usted?
AS —Creo que una de las innovaciones más grandes del FA cuando surgió, hace 45 años, fue demostrar que la política y las decisiones políticas de una sociedad no deberían ser tomadas por las personas que se proponen como clase política, sino que la política es algo que es de toda la sociedad y entonces todos tenemos derecho a opinar sobre cuáles son las grandes decisiones estratégicas. Eso fue una cosa que rompió y fue la innovación política del FA el hecho de que todos podemos participar en la política.
Entonces creo que Tabaré Vázquez hizo muy bien en consultar a su fuerza política sobre un tema que era muy importante para el Uruguay, que implicaba hipotecar, en el caso de terminar firmando –porque estábamos negociando–, la liberalización de los servicios comprometía mucho las posibilidades de desarrollo del país. Estuvo muy bien, porque tan importante es un ministro de Estado con la información que pueda recabar y la responsabilidad que tiene frente a la sociedad como un militante que convenció a su vecino para que confiara en el FA para resolver los problemas del Uruguay. Me parece que esa es la lógica, Tabaré Vázquez hizo muy bien en consultar al FA en estos temas y debería consultarlo en otros. Eso no quiere decir que la Mesa Política del FA sea el gobierno, el gobierno es el Consejo de Ministros. El gobierno fue elegido para llevar adelante un programa que construimos todos, no es la Mesa Política el gobierno. Pero en una democracia los partidos políticos son centrales y son muy importantes para tomar decisiones que atañen a la sociedad, y más si son cuestiones estratégicas.
EC —Supongamos que usted es elegido presidente del FA; ¿qué viene después?
AS —Ser presidente del FA, tratar de…
EC —¿Es un escalón para la Presidencia de la República?
AS —No, no es ningún escalón para eso. Justamente, hay que romper con la idea de que la actividad política es siempre ascendente y que siempre tiene que tener como culminación un cargo público. 
El FA surgió como otra cosa. Cuando Líber Seregni fue presidente del FA no tenía en su cabeza la idea de ser presidente de la República, tenía la idea de construir una herramienta que se proyectara hacia el futuro y que la recibimos y heredamos nosotros. Hoy, 45 años después, hay una generación que tiene que volver a hacer ese compromiso de construir un espacio político que se proyecte hacia el futuro y que consolide hacia el futuro una herramienta fundamental para generar cambios positivos en la sociedad. Creo que esa es la gran tarea. Olvidarnos de hacer política y acuerdos para dentro de tres años o para sostener y llegar al 2019, hay que terminar con la idea de que la izquierda solo está pensando en las elecciones próximas para un próximo gobierno. Por supuesto que hay que ganar elecciones, no estoy diciendo que no haya que ganar elecciones, pero lo primero en que hay que pensar es en cómo consolidamos cambios en nuestra sociedad y cómo generamos espacios que nos hagan más libres, más democráticos, más justos y más igualitarios.
Transcripción: María Lila Ltaif


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