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miércoles, 21 de diciembre de 2016

LICENCIADO J.P. MIR: SECTORES POPULARES ESTAN EXCLUIDOS DE ADQUIRIR CONOCIMIENTOS Y COMPETENCIAS BASICAS PARA INSERTARSE EN EL SIGLO XXI

Dice que se apartó por completo de la política partidaria. Que no ejercerá más un cargo de gobierno. Que las pruebas PISA miden capacidades y Uruguay enseña contenidos. Que el país tiene un drama nacional en la educación con un porcentaje –según él terrible- de muchachos que dejan el sistema en enseñanza media. Que la educación sigue esperando un cambio estructural. Que la ANEP es un monstruo que expulsa jóvenes. Y que traición es no votar investigadoras por situaciones por lo menos sospechosas.


El maestro Juan Pedro Mir (44 años), director de la escuela 121, ex director de Educación del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) hasta que fuera destituido en 2015, se apasiona por momentos cuando se refiere a la iniciativa ciudadana Eduy21, que fundó con Fernando Filgueira y Renato Opertti, entre otros muchos expertos, con el objetivo de lograr “trasformaciones profundas, sostenibles y de carácter dinámico y permanente en la educación”.

Pero también se enoja cuando explica la situación de una maestra de un jardín con 25 o 30 niños, en barrios carenciados y le produce tristeza ver en lo que se convirtió la coalición en la que militó desde los 14 años y cuyo padre fue fundador.

-Cuando se te destituyó de la dirección de Educación del MEC, señalaste que el presidente de la República te estaba dando la oportunidad de terminar cosas pendientes. ¿Lo lograste?

-Sí, culminé la licenciatura en ciencias de la educación, con título, certificado y todo. Soy maestro y licenciado en educación. Tengo pensado hacer un posgrado el año que viene y continuar con mi carrera técnica.

-Bueno, vamos a la última polémica en torno a la educación durante esta gestión…

-¿Cuál de ellas?

-Los resultados de las pruebas PISA. Por un lado, está la reflexión del presidente Vázquez quien dijo “que la pendiente de caída se ha detenido, por lo menos, si no es que ya comenzó a revertirse”. Por otro, referentes que no integran filas de gobierno señalan que no ha habido grandes cambios en 12 años salvo una leve caída en matemáticas. ¿Cuál es tu reflexión?

“ En lo que evalúa Pisa el sistema uruguayo está estancado ”

-Me parece muy saludable que Uruguay integre el club de países que participan en estas evaluaciones. Las pruebas PISA son un insumo más para pensar políticas educativas, no son ni el más importante ni el más determinante. Desde 2003 hasta el presente, se observa un estancamiento en los niveles de lo que ellas miden: competencias. ¿Cuál es el tema? Nuestro sistema educativo enseña contenidos, no enseña competencias. Es el primer matiz que haría. Las PISA muestran un estancamiento en lo que determinadas visiones de la educación en el mundo consideran relevantes -y que yo en cierta forma acompaño- que es el trabajo por competencias en los niveles básicos.

En lo que evalúa PISA –las competencias que hoy se establecen como necesarias para integrarse al mundo y a la economía global- nuestro sistema uruguayo está estancado. Ese es el primer punto: el didáctico y curricular.

Comparto con el presidente que se detuvo la caída y no dejo de ver lo positivo de ello. Pero seguimos con que el 50 % de nuestros muchachos no adquieren las competencias básicas. Y abro un paréntesis: si esos resultados los cruzo con las pruebas Terce de Unesco de 2014, donde el 30 % de los alumnos de sexto año tiene apenas competencias lectoras, que de hecho se podría hablar de analfabetismo funcional, el problema que tenemos en Uruguay es que fundamentalmente los sectores populares están excluidos de adquirir conocimientos y competencias básicos para insertarse en el Siglo XXI.

Uruguay vive una crisis estructural en el sistema educativo que hace que se refuercen los sistemas de exclusión y segmentación social. Los parámetros de integración social dados por la escuela y el liceo públicos, tal cual los consumimos durante el siglo XX, están desbordados. Eso lo terminan pagando las familias y los profesionales de la educación, los maestros y los profesores. Genera exclusión, malestar, problemas de trabajo, que termina con la exclusión de los niños y los jóvenes de nuestro país. Ese es el drama nacional.

-¿Qué sucede en otros sectores, no los excluidos?

-En aquellos sectores donde Uruguay tendría que tener altos niveles de competencia, igual no llega a un 2,7 %, por ejemplo, que son los parámetros de alta competencia de PISA. Tenemos alrededor de un 40 % de muchachos que están integrados socialmente, que acceden a bienes culturales, que tienen vacaciones, que consumen, que tienen familias integradas, que hoy sostiene la clase media, donde previsiblemente tendría que estar entre los altamente competentes y no llega a un 2,7 % en los niveles de 5 y 6.

Es una alerta, que involucra al sistema educativo en su conjunto, y a las instituciones que atienden a esos muchachos, públicas y privadas. El Uruguay tiene un problema en el desarrollo del conocimiento en el conjunto de las áreas.

-¿Y cómo ves el futuro próximo?

-Soy muy escéptico. Por un lado tenemos un gobierno que se defiende a capa y espada y toda crítica lo toma como de la derecha o como hacerle juego a la derecha. Y luego está la oposición que sigue tomando la educación como coto de caza de votos. Por ahí no va.

-¿Qué observación realizas sobre toda la polémica política que se generó alrededor de las PISA?

-No me extraña y lo tomo como un dato. Uruguay es muy maduro políticamente para resolver algunos temas pero la educación sigue siendo un coto de discusión y de caza de votos. Se leen las pruebas PISA como un ranking FIFA. Ahí no hay madurez para la discusión. Es parte del folklore nacional.

-Una de las metas de este gobierno es universalizar el acceso a la educación inicial, incluso desde los tres años. Se anunció hace poco que muchas instituciones ya lo han incorporado. ¿Un logro?

-Es un logro. Pero debe verse en qué calidad y condiciones está sustentado. Preguntémosle a los maestros o vayamos a los jardines a ver en qué condiciones trabaja un maestro en los barrios más carenciados, con 25 o 30 chiquilines. Una sola maestra, sin auxiliar: ¿qué es lo que puede enseñar y trabajar? Sí, tenemos a los chiquilines adentro pero ¿en qué condiciones? Ahí hay que escuchar a los sindicatos. No son una manga de locos que están gritando disparates. Lo que plantean los dirigentes sindicales es sumamente racional. No se puede tener a niños de tres años, sin auxiliares. El mundo no los tiene y Uruguay sí. Para eso hay que lograr distribuir y gestionar mejor el sistema educativo.

Lo peor que todo corre bajo el discurso terrible de autoridades que terminan defendiendo lo indefendible. Incluso aquellas elegidas por los propios trabajadores, que una vez que se sientan en las sillas de las autoridades, se convierten automáticamente en parte del gobierno. El efecto sillón es una cosa maravillosa.

-¿Todo pasa por decisiones políticas?

-Y sin acuerdos políticos amplios no se puede avanzar en el sistema. Cuando uno plantea esto, desde sectores que yo denomino conservadores, se dice: ‘se quiere atacar la educación pública’. No, la educación pública no es el escudo, la bandera y la moña. La educación pública es la construcción de saberes colectivos en instituciones que enseñen. Discutamos el concepto de educación, repensemos en claves técnicas y políticas esto. En parte son decisiones políticas y también son miradas de estadista a largo plazo.

Creo que el gobierno está a tiempo – tiene tres años por delante- para reordenar su agenda. Pero tiene que asumir que por acá no va a mover la aguja. Los que van a terminar pagando en primera instancia son los sectores más pobres, y después todos. Porque la exclusión educativa termina en los problemas que todos conocemos.

-¿Cuál son las prioridades impostergables?

-Debe haber un marco curricular común, con una visión integral desde la educación inicial hasta los 15 años. Que el niño que aprende matemática en 6to año de escuela pase al liceo y no sea un abismo en el que se caiga. Porque el que se nos cae es el más pobre. El otro puede tener algún andamiaje que lo sostenga.

Uruguay no terminó de asumir que para universalizar la enseñanza secundaria deben generarse las condiciones: aumentar la cantidad de liceos, mejorar la formación docente, trabajar integralmente los profesores en función de proyectos comunes, que el asignaturismo no obstaculice la formación de un sujeto global, integral. El joven debe integrar los conceptos a partir de disciplinas pero trabajadas en forma integral.

Yo siempre digo el problema estalla en secundaria pero comienza en primaria. Porque son decenas de miles de muchachos que llegan a primero de liceo y no pueden entender el texto que se les da para que lean. Y esto no se arregla con la repetición porque es la peor forma. Estamos fallando en la producción didáctica de elementos que permitan al sujeto apropiarse del saber en inicial y en primaria. Los números de primaria en parte muestran éxito pero también ocultan el no proceso de aprendizaje que se está dando en las escuelas. Eso también es parte de la realidad. Pasan a secundaria, que tiene una lógica asignaturista, que hace que la gente deserte, sea expulsada.

Tenemos ese monstruo ANEP que expulsa, que hace que casi 40 % de los muchachos no termine la enseñanza media. Son datos terribles para el país.

-¿Cómo es la relación con la actual ministra?

-No tengo relación. A María Julia Muñoz la conocí en el proceso de formación de gobierno y tuvimos contacto mientras duré allí.

-¿Crees que el presidente del Codicen, Wilson Netto, es la persona idónea para ese cargo?

-No voy a responder a esa pregunta.

-¿Te considerás frenteamplista?

-Ideológicamente soy un hombre de izquierda, que cree en la democracia, en la república. Soy hijo del Frente Amplio pero no me siento representado por este Frente Amplio. Si hoy fueran las elecciones votaba en blanco.

-¿Por qué?

-No me siento representado por un Frente Amplio que no vota investigadoras, que defiende formas de gobierno que a mí me generan determinado nivel de sospecha. Siento una profunda traición cuando no se quiere investigar cosas tan gruesas y duras.

-Varios compañeros tuyos del Frente Amplio han tenido similar actitud y han sido muy atacados desde sus filas. Incluso, a algunos como al diputado Gonzalo Mujica, le han dicho traidor.

- La traición está en quien no vota investigadoras para ver donde se esconden algunas cosas que el resto de la sociedad vemos como turbias. ¿Quién es el traidor a la bandera? Yo no tengo bienes, mis cuentas bancarias están ahí, me fui de la dirección de Educación dejando más plata de la que había cuando entré. Cuando ingresé como director había un millón y medio de déficit. Recortamos gastos, hice lo que debía, y dejamos dinero. Y fundamentalmente fui fiel al programa del Frente Amplio.

Cuando termina el día puedo contarle a la gente que amo, a mi compañera, a mi hija, a mi vieja, lo que hice sin ningún tipo de ocultamiento. Eso es algo impagable. No tengo miedo que la justicia me investigue. A mí, me echaron por opinión, no me echaron por gestión ni por corrupción.

Lo que me preocupa es el clima de intolerancia interna de un sector político que se mira a sí mismo y compra ese proyecto y no se imagina afuera del poder. El objetivo es mantener el poder y ahí es donde problematiza. Hay como una cáscara de poder enfrascada, con un discurso vacío dentro. Es una cáscara vacía.

Y soy más duro todavía: todo lo que pasó en el Pit-Cnt cuando se votó a Joselo López como integrante del secretariado en un momento en que estaba investigado por coparticipar en el avasallamiento de derechos de internados en el INAU. Se avala con prácticas esa alianza sindical y política, se nos fue la moto, se nos fue la moto.

-¿Enojo? ¿Tristeza?

-Es muy triste ver lo que se quería y en lo que se convirtió, tapando y tapando. Me preocupa porque somos seres políticos. Todo país tiene que tener políticas públicas porque sin ellas avanzan los Trump. Yo no tengo las pilas para hacer política, no me interesa, pero me preocupa. Tengo la esperanza que se construya algo nuevo pero lo veo difícil, muy difícil. ¿Me decís tristeza? Y claro, perdimos.

http://ecos.la/UY/9/actualidad/2016/12/19/10081/juan-pedro-mir-traicion-es-no-votar-las-investigadoras/



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