Los libertadores llegan a caballo y con metralletas, en una mezcla inolvidable de modernidad y pasado. Los cuatro soldados soviéticos se detienen al otro lado de las alambradas del campo de concentración nazi de Monowitz. Pertenecen al Primer Ejército del Frente Ucraniano del mariscal Konev. Están acostumbrados a ver ciudades destruidas, pueblos arrasados, el rastro que deja el ejército alemán en su retirada.