Parecía poco probable que Libia, pudiera permanecer inmune a la marea que se llevó por delante a las dictaduras de Túnez y de Egipto. Gadafi dominaba hasta hace unos días de manera férrea, un país en el que el descontento ha ido en aumento y los ciudadanos han mirado con repugnancia creciente las discrepancias entre su retórica de la democracia directa y su control autocrático del poder.